Tiempo de reconciliación

“…como si Dios rogase por medio de nosotros, os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. (2a Corintios 5:20b).

 

El creador del universo…¿rogando? No se confunda, estimado lector, no es que Dios necesite algo de nosotros, al contrario, la necesidad es nuestra y muy grande y apremiante, sólo que no somos conscientes de tenerla.

Permítame explicarle y mostrarle algunos versículos que sustenten la explicación.

Desde que Adán y Eva pecaron, existe una enemistad entre Dios y los hombres, ya que la desobediencia del primer hombre provocó la condenación eterna de la humanidad entera (Romanos 5:12,19a).

La Biblia dice que usted y yo somos pecadores y que estamos separados de la presencia de Dios (Romanos 3:23); debido a su pecado personal, usted está muerto espiritualmente (Romanos 6:23a); esta situación es tan grave, que usted no puede hacer nada para remediarla (Jeremías 2:22), sino que necesita que alguien le ayude.

Esa gran ayuda proviene de Dios mismo, quien, por amor, envió a su Hijo a morir por usted (Juan 3:16). Este sacrificio es único y perfecto, suficiente para limpiar su pecado y darle una vida nueva si usted así lo desea (Hebreos 10:12).

Esta vida está en Jesucristo, quien murió para perdón de sus pecados y los míos, y está a disposición de usted como un regalo (Romanos 6:23b); sólo que no es algo automático. Es necesario que usted reconozca su pecado delante de Dios, se arrepienta sinceramente y reciba ese regalo (Juan 1:12).

Si usted decide aceptarlo, lo invito a decírselo a Dios en una oración sencilla; si lo hace sinceramente, entonces usted tendrá una nueva vida y una restaurada relación con Dios (2a. Corintios 5:17).

En esta nueva relación usted encontrará la paz que tanto necesita y el amor que sólo Dios puede darle (Romanos 5:1). Es por este gran amor que Dios le tiene, que es el más interesado en que usted encuentre la salvación que tanto necesita y que sólo se encuentra en su Hijo (Hechos 4:12; 1a. Timoteo 2:5).

A las personas que ya hemos recibido a Jesucristo como Salvador personal, Dios nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación, es decir, el gran trabajo de comunicar a los perdidos las buenas nuevas de salvación, como lo leemos en el pasaje del encabezado.
Dios ya hizo Su parte, nosotros estamos haciendo la de nosotros, sólo falta usted, estimado lector; así que le ruego en nombre de Cristo: Reconcíliese con Dios.

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