Bendito sea Dios
“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”. Salmos 103:2
Lectura: Salmo 103
“¡Bendito sea Dios que ha escuchado nuestras oraciones!” fueron las palabras de testimonio de una creyente cuya madre siempre se consideró buena, por lo cual no creía necesario entregarse al Señor. Ella, recientemente, en su lecho de enfermedad, ha acudido a Dios para perdón y salvación. Su hija repetía “Bendito mi Dios” varias veces. Bendecir a Dios es una expresión de alabanza que brota de un corazón agradecido. Los creyentes de todos los tiempos han bendecido al Señor, porque hay innumerables razones para hacerlo. Lo bendecimos por lo que Él es, un Dios santo, justo, amoroso… y por todo lo que hace en bien nuestro. Él perdona nuestros pecados, libra nuestra alma de muerte, nos fortalece en medio de las pruebas, sana nuestras enfermedades y nos llena de misericordias. ¿No es sorprendente que viendo la bondad de nuestro Dios, brote en nosotros un espíritu de queja? Nos quejamos porque no nos da lo que erróneamente pensamos que merecemos, ya sea amistades, posesiones materiales, un lugar de honor, etc. ¿Por qué lo hacemos? Por orgullo, por ingratitud, porque desconocemos su Palabra, porque no confiamos verdaderamente en Él, sabiendo que todo lo que permite a nuestra vida es con propósitos de bien como Él nos lo ha dicho. Cuán equivocada es la letra de la canción que dice: “algo bueno debí de haber hecho en mi infancia o juventud para recibir esto”. Dios nos ayude a reconocer que lo bueno que tenemos es porque Él nos lo da y que como respuesta debemos tener un corazón agradecido para bendecirle sin olvidar ninguno de sus beneficios.
-LRL
“Te exaltaré, mi Dios… cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre”. -Salmos 145:1a,2