No tendré sed jamás
“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:35
Salmos 61-63; Juan 6
Comida, seguridad, descanso, son ejemplos de cosas que nos proporcionan satisfacción. Pero esta satisfacción que recibimos, ¿cuánto tiempo dura? ¡Sólo hasta la siguiente vez que cualquiera de estas cosas te falta! Todos los placeres y deleites de este mundo son temporales. La única cosa que en verdad dura para siempre solamente podemos encontrarla en Cristo y esto es la vida eterna, Él es el pan de vida y la fuente de paz y satisfacción verdadera. Isaías 55:2 contiene un anuncio urgente: “A todos los sedientos: venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura”. Todas las cosas materiales que tenemos en este mundo van a desaparecer; nuestra alma inmortal, una vez depositada en las manos de Dios, ¡dura para siempre! Imagine, amigo lector, a un niño en la playa que tiene mucha sed, después de haber jugado con las olas, finalmente decide ir a tomar un poco de sus aguas… Tendrá un minuto de satisfacción, pero después va a tener más sed que antes; el agua salada, le provoca más sed. Del mismo modo ocurre cuando buscamos satisfacción en este mundo —en las personas, circunstancias, o cosas—terminamos decepcionados. Como el pan cuando tienes hambre o el agua cuando tienes sed, así es Cristo al alma que le busca.
-SRA (Stephanie Rose Acree)
“Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta”. -Salmos 107:8-9