A sample text widget

Etiam pulvinar consectetur dolor sed malesuada. Ut convallis euismod dolor nec pretium. Nunc ut tristique massa.

Nam sodales mi vitae dolor ullamcorper et vulputate enim accumsan. Morbi orci magna, tincidunt vitae molestie nec, molestie at mi. Nulla nulla lorem, suscipit in posuere in, interdum non magna.

Vergüenza 

“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor…”  Timoteo 1:8

Juan 19:31-42; Marcos 15:42-47

Viernes por la tarde, era la víspera de la Pascua. Es posible que José de Arimatea, miembro prominente del concilio, estuviera junto con los conocidos de Jesús “mirando estas cosas”(Lucas 23:49); si fue así, pudo ver al soldado romano comprobar mediante una lanza que Jesús había expirado. José, aunque creía que Jesús era quien decía, no había sido valiente para reconocerlo. No había estado dispuesto a enfrentar la burla o a perder su posición por causa de Jesús… Ahora -tal vez pensaba- no había forma de echar el tiempo atrás. Ya no más, esta vez sería valiente, usaría de aquella osadía que antes no usó (Marcos 15:43). Así que se presenta delante de Pilato y pide el cuerpo de quien ahora llama su Señor. Esta vez públicamente baja de aquella sucia cruz al Bendito, esta vez no le importan los murmullos alrededor; es posible que las lágrimas corran con libertad por su rostro; cariñosamente envuelve el cuerpo herido en finas sábanas… Nicodemo, aquel principal de los judíos (Juan 3) ha tenido la misma crisis que José, igual que él, antes no fue valiente y ahora quiere ungir a su Señor; juntos, llevan su preciosa carga, lo preparan para el sepulcro, tumba de ricos, labrada en la peña, para que se cumpliese la Escritura en Isaías 53:9: “…mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”. Una gran roca de casi dos toneladas, se hace rodar para cubrir la entrada (Marcos 15:46). De estar en el lugar de estos hombres yo no habría dejado de llorar por mucho tiempo… su temor al “qué dirán” impidió que conocieran más a Jesús en su ministerio terrenal. Si José y Nicodemo conocían las palabras de Jesús: “También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo” (Juan16:22),entonces tal vez tenían una mezcla de vergüenza y esperanza… Jesús regresaría de la tumba y ellos conseguirían el perdón ganado para ellos en la cruz. -GCZ

Jesús no se avergüenza de nosotros, aunque bien podría. No permita que la vergüenza le impida conocerle.

Comments are closed.