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La última cena 

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga” 1ª Corintios 11:26

Lectura: Mateo 26:26-29; Lucas 22:19-20

Una vez que Judas el indigno traidor salió del aposento alto, el Señor Jesús instituyó la cena conmemorativa, tomando de la mesa dos elementos sencillos: “el pan y el jugo de la vid”, eran los últimos momentos que pasaba con sus discípulos, quería imprimir en sus corazones el amor que le llevaría a la muerte por ellos y por todos nosotros, además de instituir algo por medio de lo cual le recordaran hasta su regreso. Porque como Él mismo dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Al hablar con ellos de la muerte que le esperaba les hace participar de su cuerpo y de su sangre mediante estos dos símbolos: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:54) El pan representa el cuerpo de Cristo que fue molido por nuestros pecados (Isaías 52:14; Isaías 53:5); y el jugo de la vid representa la sangre de Cristo que fue derramada por nosotros (1ª de Juan 1:7b). Ningún retrato, pintura o película, podrá siquiera acercarse a describir cómo es que fue molido su cuerpo y desfigurado su parecer, todo esto como resultado de la brutalidad humana y de la incitación de la turba; si lo que hicieron los hombres no se puede describir, mucho menos lo que tus pecados, mis pecados y los de todos los habitantes del mundo hicieron sobre Él (1ª de Pedro 2:24; Salmos 69:1, 2). Estimado lector y amigo, el Señor Jesús dijo que no bebería más del fruto de la vid hasta el día que lo beba nuevo en el reino de su Padre. La pregunta es ¿Estará usted ahí, en esa gran cena en el cielo? Si no está seguro, lea las páginas centrales de esta revista, allí encontrará la invitación para conocer a tan magnifico anfitrión. –JLEV    

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios” Apocalipsis 19:9

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