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Poder 

“La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” Efesios 1:20

Efesios 1:15-23

El mismo Señor Jesucristo conoció por experiencia tanto durante su ministerio terrenal, como durante su trabajo como Salvador, el poder de Dios actuando en su vida (Marcos 5:30; Lucas 4:14); y fue precisamente el conocimiento que Él tenía de la supereminente grandeza del poder de Dios lo que le hizo tener la certeza de que resucitaría de entre los muertos (Juan 2:19-21). Así con esa seguridad el Señor Jesús no tuvo ningún temor de ceder su Espíritu y permitir que su cuerpo fuera puesto en el sepulcro mientras descendía a las partes más bajas de la tierra (Efesios 4:9). Satanás y sus siervos se gozaban viendo a Cristo bajo el poder de la muerte, pero qué cierto es que “nunca serán avergonzados cuantos en él confían” y Cristo no lo fue. Porque el mismo poder que actúa en nosotros los creyentes se puso en acción para resucitarlo (Romanos 1:4) y nosotros podemos y debemos vivir con la misma seguridad con la que el Señor Jesús vivió, si como Él conocemos ese poder maravilloso de Dios.  De hecho es la enseñanza de la Palabra que ningún creyente está listo para servirle hasta que no vive dirigido y controlado por ese poder, como lo hicieron los creyentes del primer siglo, siendo ese el secreto de su vida de victoria, testimonio y abundante fruto (Hechos 1:8; 3:12; 4:33; 8:10). El Espíritu Santo se encarga de revelarnos que fue también el poder de Dios el que actuó en la ascensión y cesión a la diestra del Padre de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Podemos imaginar lo que significa que el poder que resucitó a Cristo entre los muertos, lo hizo ascender al cielo y lo hizo sentar a la diestra del padre, actúe en nosotros? Con razón Pablo podía afirmar “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Qué fácilmente repetimos nosotros esas palabras, pero sin la profundidad que tenían en la vida de Pablo. Por tanto este poder divino no puede manifestarse en nuestra vida hasta que confiemos plenamente en Dios.  –Desde la Edición

En Cristo tenemos todo tipo de delicia y experiencia victoriosa.

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