Pon guarda a mi boca

“Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios”. Salmos 141:3

Salmo 141

Una de las primeras cosas que Dios cambió en mi vida, después de su obra sobrenatural en la cruz que transformó mi corazón, fue mi forma de hablar. Al conversar con varios creyentes me he dado cuenta que no estoy solitario en este acontecimiento, ya que, después de todo, la boca es un destello de lo que hay en el corazón. (Lucas 6:45)

En Salmos 141:3, David ora a Jehová su Señor, admitiendo que Él tiene control absoluto sobre su vida y le suplica que guarde su boca (no de la forma en que guardamos pertenencias en un cajón, sino que guarde como hace guardia un soldado para proteger algo de la casa real). La palabra “guarda” se traduce como “Phulake” en el original griego, que hace referencia a vigilar a un prisionero para que no escape. La plegaria de David era para que Dios aprisionara su boca para que ninguna palabra hueca saliera de él. (Efesios 4:29) En la segunda parte del versículo leemos: “Guarda la puerta de mis labios“. La palabra “guarda” aquí se traduce “periecho” que quiere decir “rodear“. Lo interesante es que cuando uno guarda una puerta no la rodea, es decir, no se protege por ambos lados ¿cierto? Bueno, en el caso de la boca sí es posible y de hecho Jesús dice que no es lo que entra en la boca sino lo que sale de ella lo que contamina al hombre. (Mateo 15:11,18-20) La enseñanza de Jesús y la aplicación de David son de valor enriquecedor en el llamado a no sólo velar por lo que entra, sino lo que sale de nuestra boca. De este modo es posible orar a Dios que “aprisione” nuestro corazón, para que hablemos palabras edificantes y que “rodee” nuestra boca, de tal modo que vivamos, y hablemos santa y honestamente, de modo que glorifiquemos a Dios en todo. –GMT

“… De generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca”. Salmos 89:1b

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