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“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” Filipenses 1:6
Filipenses 1; 1ª Corintios 3:9-15
Como leemos en nuestro pasaje del día de hoy, Pablo en su trabajo con los creyentes de su época, los animaba a tener presente el día del tribunal de Cristo. Como ya decíamos, el tiempo del tribunal de Cristo, será cuando Él venga, y se lleve a cabo la primera resurrección, la de los salvos, en el orden de los eventos de los últimos tiempos. La razón de seguir aquí en la tierra después de ser salvos, no tiene otro propósito sino la de servir al Señor, hablando de las nuevas de salvación que Dios tiene para los que no le han conocido aún, llamándolos al arrepentimiento y a reconciliarse con Él; y por otro lado, a la edificación de todos aquellos que han venido a formar parte de la familia de Dios, para que ellos también a su vez, glorifiquen al Señor.
Hablando de este servicio, es que el apóstol Pablo escribe a los Corintios recordándoles de esta responsabilidad, pues por su conducta, pareciera no importarles esto, viviendo en una situación de inmadurez espiritual, causando divisiones y manifestando su orgullo de diversas formas equivocadas (1ª Corintios 3:9-15). En el Juicio del Tribunal de Cristo, se pondrá a prueba el trabajo que se hizo para Dios, de tal forma que saldrá a la luz, la calidad del trabajo, las motivaciones que lo originaron, y si fue hecho en nuestras propias fuerzas, es decir, en la carne, o producido por el poder y la guía del Espíritu Santo. Para muchos será un tiempo de alegría y gozo, pero para otros, será de dolor, tristeza y vergüenza. ¿Cómo será para usted amable lector? ¿Cuándo sean probadas sus obras, prevalecerán al ser pasadas por el fuego?… Cuando ha testificado de Cristo, cuando ha ido de misiones, cuando ha predicado al frente de la iglesia, cuando ha participado en reuniones de oración, cuando ha ofrendado, ¿Cuáles han sido sus motivaciones? ¿Honrar en verdad el nombre de Cristo? Esa es mi oración y espero que sea también la suya. –MZA
“La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” -1ª Corintios 3:13
“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección…” Apocalipsis 20:6a
2ª Corintios 5
Vivir una vida sin considerar que hemos de comparecer ante el Tribunal de Cristo, es vivir una vida de incredulidad y negligencia como la de aquel siervo que dijo: “Mi Señor tarda en venir” dándose a una vida disipada, sin considerar la advertencia de su Palabra que dice: “Vendrá el Señor de aquel siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente…” Mateo 24:50-51ª). Hermanos en Cristo, ¿Cómo podremos vivir una vida así, si verdaderamente estamos ciertos que un día hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo?… Pero, ¿dónde y cuándo será el lugar de este tribunal? ¿Qué dice la Biblia? En Lucas 14:13-14, leemos que habrá una recompensa en “la resurrección de los justos”. Así que habrá una primera resurrección, esta será la de los que han sido hechos justos por Cristo y después de ella vendrá el tribunal de Cristo. ¿Cuándo ocurrirá la primera resurrección? En “el día de Cristo”, cuando Él venga por su Iglesia, según enseña la Biblia en 1ª de Tesalonicenses 4:15-17: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. La venida del Señor, también conocida como “el día de Cristo” o “El día del Señor Jesucristo” es cuando se va a efectuar la premiación por el servicio fiel de los creyentes al Señor, pero también, se va a pasar por la vergüenza de todos aquellos que no tengamos nada que ofrecer al Señor, por haber sido negligentes en cuanto a nuestro servicio. –MZA
“… La segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” –Apocalipsis 20:6b
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” 2ª Corintios 5:10
2ª Corintios 5
Nosotros creemos que la salvación no se pierde, y lo creemos con bases bíblicas, por ejemplo en Juan 5:24 dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna…”. La frase “vida eterna”, implica que no se pierde nunca. Esto indica que en el día del juicio, dónde Dios juzgará solo a los que no creyeron en Jesucristo, estos “sufrirán pena de eterna perdición” (2ª Tesalonicenses 1:7-9); por lo tanto, en los que recibimos a Cristo no hay lugar para el temor, pues Dios ha empeñado su Palabra, y dado que nosotros le hemos recibido y Él es totalmente fiel no hay manera de perderse. Sin embargo, en ocasiones esta seguridad de la salvación trae como consecuencia una vida de superficialidad y negligencia. Para intentar ayudarle a abandonar una posición como esta, permítame recordarle que los creyentes si pasaremos por un tribunal (2ª Corintios 5:10). El tribunal de Cristo, es para los salvos, es decir para los que reconociendo nuestra situación de pecadores delante de Dios, le pedimos perdón e invitamos a Cristo a ser el Señor y Salvador de nuestras almas. Es un tribunal en donde rendiremos cuentas al Señor Jesucristo; ahí ante su presencia, Él juzgará nuestro servicio y la motivación con la cual le servimos mientras estuvimos en el cuerpo aquí en la tierra. Será también un tiempo para recompensar a cado uno según sus obras. Este juicio no será para verificar si hemos de ir al cielo o a la condenación eterna, pues ya hemos dicho que todos los comparecientes a este tribunal serán salvos. Es importante tratar este tema, ya que hoy en día, muchos de los que nos llamamos cristianos, pudiéramos estar viviendo en un estilo de vida que sigue a la corriente de este mundo… ¿Está usted listo para comparecer ante el Señor si fuere llamado hoy? –MZA
“Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano?
Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” -Romanos 14:10
“Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” Lucas 10:42
Lucas 10:38-42; Juan 11: 23-32; Juan12:1-8
En Betania vivían Martha y María, las cuales recibieron a Jesús en su casa. Enseguida María se sentó a los pies del Maestro y escuchaba sus palabras; pero Martha se preocupaba con muchos quehaceres… Las dos mujeres estaban atendiendo a Jesús, pero María escogió la buena parte; tres veces María aparece en los relatos bíblicos a los pies de Jesús, aquí recibiendo enseñanza, dando adoración y contemplando su hermosura (Salmos 27:4). Aparece una vez más cuando unge su cabeza y sus pies con un perfume de mucho precio, el Señor dice de ella: “Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura” (Marcos 14:8). Y por ultimo cuando recibe consuelo de Jesús por la muerte de Lázaro (Juan 11:32). Martha era diligente y hospitalaria pero se quejó. ¿Podremos hacer algún trabajo para el Señor con afán, molestia o incomodidad? ¿Podríamos pretender “que mejor lo haga otro” o “que alguien me ayude”? ¿Estamos muy solícitos porque queremos lograr alguna aspiración ambiciosa a cambio? ¿Podría alguien proponerse hacer algo para el Señor con congoja o ánimo angustiado? Recordemos que Dios ve las intenciones del corazón. Martha aparece luego nuevamente sirviendo en una cena para Jesús (Juan 12:2), y se registra su discernimiento espiritual (Juan 11:24, 27), donde ella confiesa que Jesús es el Cristo, aun antes de que resucitase a Lázaro. Martha fue reprendida por el Señor Jesús y ella aprendió la lección. Dios como buen Padre nos corrige ¿Con cuál de estas mujeres se identifica usted, amado lector? El Señor estableció que “solo una cosa es necesaria” y que esta es la “buena parte” y una vez que la haya escogido no le será -quitada. ¿Ha hecho ya su elección? – LHdeS
“Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis…” -Josué 24:15ª
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” 2ª Corintios 9:6
Mateo 25:14-30; 2ª Corintios 9
Los cristianos no solamente debemos la vida a Dios porque Él es nuestro Creador, además de esto, hemos sido comprados; si usted es un creyente en Cristo Jesús, usted ha sido comprado, es decir Dios tiene un doble derecho sobre usted: el de Creación y el de Redención. ¿Qué dice la Biblia al respecto? “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual tenéis de Dios, y que nos sois vuestros?” (1ª Corintios 6:19) Quizá usted ha pensado que su vida es suya, pero no es así “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu los cuales son de Dios” (1ª Corintios 6:20). Así que la vida que tenemos Dios nos la ha dado en administración, y un día vamos a dar cuenta en el tribunal de Cristo de cómo la manejamos. Es muy común que nos encontremos diciendo: “Tengo mi casa, mi carro, mi negocio, mi dinero, etc.” Sin embargo, no tendríamos todo ello, si Dios no nos hubiera dado las capacidades para poder ganarlo honradamente. Así que no debemos de olvidar que no tenemos nada que Dios no nos haya dado. No digamos: “…Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas” (Deuteronomio 8:17-18). Cuando ofrendamos para la obra de Dios, pudiéramos estar pensando que el dinero que damos nos costó mucho trabajo ganarlo, y como consecuencia no ponemos reacios a entregarlo. Pero debemos tomar en cuenta, que antes de tenerlo, Dios nos lo entregó a nosotros en administración, por lo que, cuando se trata de darlo para la obra de Dios, no debería haber ninguna traba para ello, y deberíamos hacerlo con gozo y gratitud, si es que ahora no lo estamos haciendo así. –MZA
“Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” -1º Crónicas 29:14
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