Morir para vivir (II)

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” Mateo 16:24
Mateo 16:21-27, Juan 12:23-26
Nadie puede ser discípulo de Cristo si no va tras Él, pisando sus huellas. Notemos el argumento que Él nos da para que aceptemos su invitación: “¿Qué aprovechará al hombre si gana todo el mundo y pierde su alma?” Todo lo que hay en el mundo no puede comprar una sola alma, porque el alma del hombre es un tesoro inmortal; Dios le ha puesto precio: La muerte de su Santo Hijo. Por eso el que quiera salvar su alma, debe estar dispuesto a perder todo, inclusive la vida. Él nos pide que nos neguemos a nosotros mismos, lo que significa cargar nuestra cruz, morir a nuestro yo. Una dura tarea, porque esta naturaleza pecaminosa lucha por tomar el mando, aún en el creyente más consagrado. Morir al yo es ir a Cristo y dejar ahí todo pecado, todo peso que nos asedia: proyectos, hábitos o anhelos, que en ocasiones pueden ser lícitos, pero no necesariamente la voluntad del Señor para nuestras vidas (casamiento, adquirir una posesión, un trabajo determinado, etc.) Morir al yo, es estar de acuerdo con lo que Dios nos da y con lo que nos quita, es no resistirnos a su trato, es someternos humildemente a Él; Morir al yo significa trabajo, dolor, humillación y pérdida; aceptar el rechazo, la vergüenza y la persecución, no como un conformismo obligatorio, ni buscando nuestra gloria, sino por amor a Su nombre; porque es necesario perder lo que nos estorba para ganar lo que nos enriquece. Ciertamente el trabajo es arduo, pero la recompensa será gloriosa (v. 27 y Romanos 8:18). Si bien seguir a Jesús y negarnos a nosotros mismos nos resulta muy costoso e imposible de practicar mediante el esfuerzo personal; no debemos olvidar que Él “es el que en nosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad“ (Filipenses 2:13) ¿No es Él quien nos “ciñe de poder y hace perfecto nuestro camino”? (Salmos 18:5) Señor danos la gracia de amarte de tal manera que tus demandas sean el anhelo de nuestro corazón y tu gloria, nuestro deleite. -LRL
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” Gálatas 2:20

Morir para vivir (I)

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” Mateo 16:25
Mateo 16:21-27
Sin duda saber que su Señor y Maestro tendría que padecer mucho y ser muerto, trajo congoja en el corazón de sus discípulos. Pedro no pudo quedarse callado, tomó aparte al Señor y empezó a reprenderlo: “Ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”. Entendemos a Pedro porque hemos hecho lo mismo tratándose de nosotros o nuestros seres queridos ¿no es verdad? A nadie nos gusta el dolor, huimos del sufrimiento, de lo difícil de soportar, de lo incómodo, así es nuestra naturaleza. “No somos masoquistas”, decimos y es verdad, sufrir nada más por sufrir es una aberración; muy diferente es cuando el sufrimiento tiene propósitos divinos, porque aprovecha al alma. Pedro vio los sufrimientos que Cristo anunciaba como un estorbo, como un sacrificio que no era necesario. Pero miren, la respuesta de Jesús no se dejó esperar: “¡Quítate de delante de mí Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (v.23). Puedo imaginar el asombro de Pedro ante tal reproche, quien tal vez esperaba aprobación por su “intención afectuosa y protectora”. ¿Cuántas veces nuestro corazón se constituye en enemigo de Dios cuando no se somete a Él? Nuestra auto-compasión es tropiezo para los propósitos divinos porque vemos desde el punto de vista temporal, sin considerar los valores eternos. Muchas veces detrás de “esa bondad humana” se encuentra el instigador, el enemigo de Dios y nuestras almas, él siempre busca la complacencia de nuestra carne, pero nunca nos previene de las terribles consecuencias de ello. Morir a nosotros mismos es duro, pero si Cristo no hubiera muerto por nosotros, sería imposible el acceso a la vida eterna, no tendríamos esperanza de perdón y comunión con Dios; por otro lado, es por Su triunfo en la cruz que Satanás ha sido derrotado y con todo esto el Padre es glorificado. La muerte de nuestro Salvador engendró vida. ¡Bendito sea Él! LRL
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” Juan 12:24

El eslabón de unión

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” Hebreos 13:8
Salmo 19
Tome su Biblia y lea una porción de ella. No pasará mucho tiempo sin que piense que las personas en la época que se narra vivían muy diferentes a nosotros. Estamos hablando de gente que residía en el Medio Oriente, cuyo trabajo diario era ganadería y agricultura, sin maquinaria pesada para facilitar un poco la carga. Vemos a Abraham y a David haciendo este tipo de tareas. Leemos cartas de los apóstoles de Cristo a las diferentes iglesias donde se tratan algunos asuntos que a lo mejor hoy en día ya no suceden. En ocasiones parece todo tan lejano. Alguien pudiera decir: “Genial, parece que Dios hizo grandes cosas con la gente de ese entonces, pero ¿Qué de ahora? ¿Cómo es que Dios nos habla hoy?”. Muchos lectores de la Biblia han compartido este mismo sentimiento. Aún algunos creyentes pueden tener este dilema, a lo mejor creyendo a cabalidad todo lo que dice la Escritura pero no tomando muy en serio la posibilidad de tener esa comunión que tenían los antiguos creyentes con Dios… Es cierto que hay una distancia enorme de tiempo, espacio, historia y cultura entre las personas de la Biblia y nosotros, pero el eslabón que nos une a la Biblia no está a ese nivel de comparación. El eslabón de unión es Dios mismo. Pues el Dios de Abraham y David es exactamente el mismo hoy en día, puesto que es inmutable -nunca jamás deja de ser lo que ya es-, no se vuelve más viejo, ni se hace más sabio. Dios no ha generado poderes nuevos, ni se ha convertido en más fuerte al pasar los años, Él ya es Omnipotente. Arthur Pink lo dijo de esta manera: “Debido a que Él ya es perfecto, no puede cambiar para mal”. Santiago 1:17 lo llama: “Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. La Biblia, siendo la Palabra “inspirada” por Dios, o como diría el original en griego: “soplada” por Dios, sigue siendo tan aplicable a nuestra vida hoy en día, como lo fue hace cuatro mil años. En palabras de Jesús “Mis palabras jamás pasarán” (Mateo 13:31). –GMT (Giancarlo)
“Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan” –Jesús en Lucas 11:28

Un amigo poderoso

“Y cuando llegó a donde estaba su suegra, ésta le dijo: ¿Qué hay, hija mía? Y le contó ella todo lo que con aquel varón le había acontecido” Rut 3:16
Rut 3
La pregunta de Noemí traducida al lenguaje moderno sería “¿ya son novios?”. Para Noemi fue una gran noticia todo lo que había sucedido y que Rut le comunicó. Las mujeres por lo general se gozan con este tipo de acontecimientos, pero en este caso había implicaciones muy importantes para la posteridad que lo hacían algo especial y digno de un mayor gozo. Las seis medidas de cebada que Rut entregó a Noemí eran la prueba del éxito de su viaje. “A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías” (v17); y esto nos confirma que Booz comprendía que Noemí estaba aconsejando y apoyando a Rut. “Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto hoy” (v.18). Bien dice la Palabra de Dios “de más estima es el buen nombre (buen testimonio) que las muchas riquezas y la buena fama más que la plata y el oro” (Proverbios 22:1), porque evidentemente el buen testimonio que Booz tenía con Noemí, era el de un hombre diligente (Romanos 12:11). Por lo cual Noemí le asegura a Rut que ese mismo día Booz no descansaría hasta cumplir su responsabilidad, dando prueba de su capacidad y de ser un amigo poderoso. El Señor Jesús es un amigo poderoso, el mayor de todos, sólo Él cuenta con los recursos necesarios para redimirnos de nuestros pecados. Él ya hizo el pago en la cruz; nos ama y envía a sus siervos a lo largo y ancho del planeta a llamar a todo aquel que crea en Él. Si usted aun no le ha conocido, le invitamos cariñosamente a leer las páginas centrales de esta revista, ahí le decimos cómo conocerle. –Desde la Edición
“Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David” Isaías 55:3

La bendición

“Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa” Rut 3:11
Rut 3
Booz siente la necesidad de disipar cualquier temor en Rut, por lo cual le dice “no temas”. Lo creemos así por la razón que le da para no tener temor “pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa (digna)”. Mostrándole así que había entendido perfectamente su petición y dándole completa seguridad de que las cosas se harán en el sentido en que ella las pidió. Como siempre de parte de Booz surgen las palabras que dan a Rut seguridad y consuelo (Rut 2:13). Antes que Booz había otro varón que era pariente más cercano, por lo cual a él correspondía el derecho de redimir en primer lugar. Evidentemente que Dios guio a Noemí para que Rut presentara su petición a Booz y no a aquel pariente. Porque Dios tenía en mente no sólo la solución de los problemas de Rut, sino el cumplimiento de su plan eterno. Dios conocía la actitud que aquel pariente tendría hacia su responsabilidad de redimir y no iba a permitir que su plan se frustrara por el desinterés o egoísmo de un hombre, de la misma manera que no se había frustrado cuando Esaú menospreció su primogenitura. Así que desde el principio Dios fue guiando a Noemí y Rut para conectarlas directamente con quien cumpliría su responsabilidad. No sólo porque tenía la capacidad para hacerlo, sino porque deseaba hacerlo (Romanos 11:33-36). Voluntariamente Booz le dio a Rut completa seguridad de su deseo y disposición de redimir, pero siempre sujetándose a la voluntad de Dios. “No se sepa que vino mujer a la era” (v.14). Prudentemente Booz protegió su reputación y la de Rut para evitar calumnias y chismes. Booz no tocó a Rut como algo tentador, la bendijo como un padre, alimentándola como un amigo, dándole promesa de redención, recompensándola como patrón y mandándola de regreso al hogar con esperanza y regalos; no menos pura que antes y más feliz (v.15). –Desde la Edición
“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia” 2ª Corintios 9:10