Vestidos como escogidos

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” Colosenses 3.12

Colosenses 2 y 3

Algo similar a la lectura de ayer, encontramos en este mensaje del apóstol Pablo a los Colosenses. Una invitación a vivir una vida acorde a lo que hemos creído, ponernos una vestidura  digna de quien ahora representamos (v.3:12), hacer morir lo terrenal (v.3:5). Alestar en Cristo, al estar en el Perfecto con genuina sinceridad, nuestra mente ha sido despojada de filosofías y huecas sutilezas (v.2:8), llevando nuestro espíritu a la luz, nuestra alma perdonada y liberada del pecado. Hemos sido llevados al plano de poder hacer morir lo terrenal en cada uno de nosotros (v.3:5). Se hace énfasis en forma personal, porque luego somos dados a aplicarlo en los demás y no en nosotros, en especial los que ya somos padres y queremos que nuestros hijos vivan vidas dignas de un cristiano, pero la nuestra deja mucho que desear.  En Cristo la vida antigua la vemos como basura, ya no la deseamos; el Espíritu Santo que hemos recibido nos ha hecho diferentes, ya vemos y entendemos las cosas como las ve Dios. Deseamos leer y saber más sobre lo que Dios enseña en la Biblia, se nos exhorta a que la Palabra de Dios la pongamos en nuestra mente y corazón en abundancia (v.3:16); ella va a ir entrando a nuestra vida con toda la fuerza que sabemos que tiene el agua, como un huracán que arrasa con lo que se encuentra a su paso, limpiándonos,  sacando lo equivocado y dejando un nuevo aroma en nosotros de una vida limpia y purificada; vida de la  cual brotará un cántico nuevo que iluminará nuestro rostro. El apóstol Pablo dice en 2ª Corintios 5:17: “De modo que (lleva la connotación de que si túafirmas ser un cristiano nacido de nuevo) si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron (la sabiduría propia, la inmoralidad sexual, las pasiones desordenadas, la religiosidad, la idolatría, la avaricia, el enojo, los insultos, las mentiras, la falta de contentamiento, la impaciencia etc.) he aquí todas (absolutamente todas) son hechas nuevas”. –MCGdeG

“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” Colosenses 3:14

El que dice 

“El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” 1ª de Juan 2:6

1ª de Juan 1 y 2

Qué importante es la congruencia entre lo que  decimos y lo que hacemos. Los nacidos de nuevo en Cristo debemos ser de una sola pieza. El apóstol Juan en estos dos capítulos hace mucho énfasis en ello; en unas seis ocasiones repite: “Si decimos”, o el que dice” ¿Quién le podrá creer?

El que dice que es cristiano y en su trabajo no actúa con diligencia y honestidad, si muchas de sus horas de trabajo por las que le pagan las ocupa en el celular o resolviendo asuntos personales. Si Dios no se agrada de las mentiras y usted le dice a su hijo que atienda una llamada de teléfono y diga que no está. Si alguien dice que no guarda resentimientos, pero procura sacarle la vuelta al hermano. Si alguien dice que ama a Dios,  pero no obedece la Palabra de DiosSi alguien dice que conoce a Cristo, pero no está atento a las necesidades de sus hermanos. Si alguien dice que hay que sujetarse a las autoridades, pero en su casa enseña a sus hijos que la maestra es “muy exagerada y no deben hacerle caso”. Si alguien dice que está en comunión con Dios, pero no honra a su padre o a su madre y su familia ve lo poco que los visita o los atiende ¿Quién le podrá creer? En conclusión, el apóstol Juan quiere mostrarnos que si nuestra conducta es muy diferente a lo que predicamos: somos mentirosos. 1ª de Juan 2:4 diceEl que dice yo le conozco, y no guarda (no obedece, no practica) sus mandamientos, el tal es un mentiroso y la verdad no está en él”. No que no diga la verdad, sino que no pone en práctica esa verdad. Y lo más triste y peligroso es que Dios y los que lo rodean no son los engañados, sino él mismo. Nosotros mismos no somos perfectos, pero estamos en el perfecto (en Cristo) y Él nos da la fuerza y sabiduría para andar en obediencia. MCGdeG

“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos” Proverbios 4:26

 

Los propósitos de las pruebas 

Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” 1ª de Pedro 1:7

1ª de Pedro 1

Las pruebas muchas veces son necesarias, ya que comprueban si en verdad hemos creído (no es para probárselo a Dios, porque Él ya sabe si nuestra fe es verdadera); nos indican la inutilidad de nuestros esfuerzos, nos hacen caer de rodillas ante Dios, es decir nos ayudan a ser humildes. Las pruebas nos enseñan compasión, para que no menospreciemos a otros. Por ejemplo: cuando alguien ha perdido a un hijo, no le ayuda que le digamos que “sea fuerte”, pero qué consuelo trae que expresemos compasión, que lloremos junto con esta persona o que recordando el propio sufrimiento toquemos su hombro y oremos con ellos. Las pruebas llegan de varias maneras, son como un horno al que puede regulársele la temperatura. Para quitar la escoria, el fuego de la prueba, nos hace más parecidos a Cristo.En 1ª de Pedro 1:8 leemos que debemos conservar la esperanza porque tenemos un Salvador invisible, es decir aunque no lo vemos, Él camina junto a nosotros en todo tiempo, el Señor no nos abandona durante las pruebas, nos sostiene, nos alienta y nos enseña durante este tiempo difícil. Por último amigo lector, debemos mantener la esperanza porque tenemos una libertad garantizada, usted, si es cristiano, llegará a tener esta libertad a plenitud en el cielo. Dese cuenta que Dios ya ha provisto todo lo necesario para que usted mantenga la esperanza y la paz en medio de las dificultades actuales. Y para su paz futura, acepte y confíe, Él no ha dejado de observar su vida y de tener cuidado de usted. No deje que las circunstancias que le rodean le impidan ver al Señor. “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (v.13). -GCZ 

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación” 2ª Corintios 1:3

Acepte y confíe

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” 1ª de Pedro 1:3

1ª de Pedro 1

Tenemos esperanza porque nada de lo que nos ocurre en esta tierra es el capítulo final. Como cristianos, este capítulo no se completa hasta que vayamos al cielo. Alguien dijo: a quién puede preocuparle el viaje, si el camino lleva a casa”. Esta esperanza se basa en la resurrección de Cristo. Sí Dios llevó a su Hijo a través de las pruebas más dolorosas y lo sacó del abismo mismo de la muerte, ciertamente nos llevará a través de cualquier cosa que enfrentemos en este mundo a nuestro destino final en el cielo. Además, podemos tener esperanza porque tenemos una herencia permanente. Tenemos una casa segura en el cielo, nada puede destruirla (v.3-4). Mientras más difícil me parece la vida en la tierra, mejor y más deseable me parece el cielo. Podemos tener esperanza porque somos “guardados por el poder de Dios mediante la fe” (v.5), contamos con la protección divina. No importa cuálsea el problema, si tenemos a Cristo en el corazón, la profundidad del dolor o la destrucción que ocurra en nuestros cuerpos, porque nuestras almas están divinamente protegidas. Hay dos palabras que le pueden ayudar cuando sienta que le queda poca esperanza: acepte y confíe. Acepte el trabajo que Dios está haciendo en su vida a través del sufrimiento, acéptelo y entonces confíe, decida confiar hasta el extremo en Dios, sabiendo que Él le protege siempre. Amigo lector cristiano mantenga la esperanza porque tenemos una fe en desarrollo (v.6-7)En el verso 6 leemos: En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”. Aquí la palabra “aunque” indica que la alegría no depende de las circunstancias que nos rodean, el gozo puede venir a pesar del sufrimiento. GCZ

Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia” Salmos 66:20

Hay esperanza 

“Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia,

Asia y Bitinia” 1ª de Pedro 1:1

1ª de Pedro 1

Pedro era un hombre antes de conocer a Cristo, y fue otro mientras caminó con Él… pero, se convirtió en un mejor hombre una vez que fue quebrantado. Es este hombre quebrantado quien escribió sobre la esperanza en 1ª de Pedro. Y, aunque todos somos diferentes, hay algo que todos tenemos en común: el sufrimiento. Las lágrimas son iguales para todos. Cada uno de nosotros conoce el dolor, la decepción, el miedo o la angustia. El apóstol Pedro escribe su primera epístola a un grupo de creyentes que habían  sido despojados de sus casas y expulsados de sus tierras y de todo lo que ahí les era querido. Pedro no les dice: ¡échenle ganas, ustedes pueden salir adelante!”, él les toma el rostro y les hace voltear hacia arriba (1ª de Pedro 1:1-2). Cuando alguien nos maltrata, nuestro primer impulso no es decirle que Dios le ama y que oraremos por él, sin duda nuestro primer impulso es desquitarnos. Pedro anima a estos creyentes, no a desquitarse, sino a tener esperanza más allá del sufrimiento. Lo primero que les dice es que hemos sido “elegidos por Dios para un propósito –obedecer- (v.2); sólo esta mención les ayuda a ellos -y a nosotros- a continuar adelante aunque la vida tenga momentos difíciles. Imagine pasar estos momentos difíciles sin Cristo… Esto es lo que la mayoría de la gente hace: enferman de gravedad, tienen un matrimonio con dificultades, alguien muere en la familia, tienen hijos rebeldes… Teniendo al Señor es difícil, pero sin Cristo ¿Cómo pueden soportarlo? Dios a través del apóstol Pedro nos da muchas razones para encontrar consuelo y hasta gozo en los tiempos difíciles, en los siguientes devocionales mencionaremos algunas de estas razones. –GCZ 

Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores” Salmos 34:4