Con dignidad

 Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu…” Efesios 4: 2,3

Efesios 4:1-16, Romanos 15:1-6

Hoy continuamos con las actitudes que se nos  mencionan en nuestra lectura. Pablo nos dice que es necesario que nos soportemos unos a otros ¿A quién le es fácil aguantar a los demás? Tal vez deberíamos preguntarnos qué tan dispuestos están los otros a soportarnos a nosotros. La evidencia de que el amor gobierna nuestros corazones es que tengamos tolerancia unos para con los otros; sin duda este amor que soporta, es el amor incondicional que sólo viene de Dios, el amor que bendice aún a los enemigos y ora por los que lo ultrajan (Mateo 5:43, 44). La paciencia es la otra característica del andar digno del cristiano. ¿Nos hemos preguntado alguna vez por qué no somos pacientes? Porque la paciencia proviene de la humildad y la mansedumbre. Una persona paciente acepta todas las situaciones que vienen a su vida como el plan perfecto de Dios –incluyendo todo tipo de problemas- que le prueban hasta el límite; padece sin alterarse, resistiendo cualquier situación por negativa que sea, tomando fortaleza y ejemplo de Jesús, quien padeció por nosotros para que sigamos sus pisadas (1ª de Pedro 2:21) Cada una de las virtudes anteriores están enlazadas y son consecuencia una de la otra, llevando a final término la última característica: diligencia en guardar la unidad del Espíritu. La unidad es algo que el mundo siempre  está buscando; las motivaciones y los medios que se usan son variados y nunca traen los resultados apetecidos. Pero la unidad que se nos menciona aquí, es la unidad que produce Dios a través de su Espíritu y sólo ésta brinda la paz. ¡Qué maravilloso!… pero, al examinar mi vida veo que tristemente, no he alcanzado lo que Dios tiene para mí ¿Cómo te  sientes tú?  Pidamos al Señor  que su gracia nos ayude a crecer de tal manera que estemos capacitados para andar como es digno de la vocación con que fuimos llamados.      -LRL

No se puede guardar la unidad del Espíritu, a menos que se posea el amor que todo lo soporta.

¿Llamados a que?

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre…” Efesios 4:1, 2a

Efesios 4: 1-3; Filipenses 2:1-11

¿Qué se entiende por una conducta indigna? Es un comportamiento inferior a la calidad de alguien. Los creyentes somos hijos del gran Rey, Él nos ha levantado de la miseria espiritual donde nos encontrábamos y nos ha hecho participantes de su naturaleza divina, habiéndonos adoptado como hijos suyos; por lo tanto nos pide que nos comportemos a la altura de nuestra nueva posición. En el pasaje que nos ocupa, Pablo nos recuerda que hemos sido llamados a andar dignamente y nos menciona 6 actitudes importantes para considerar. La primera es la humildad; ésta nos hace vernos como realmente somos: pecadores -que sin la gracia de Dios, estaríamos perdidos. Somos tan orgullosos que con mucha facilidad nos gloriamos de lo que somos o tenemos, aun cuando la Palabra nos recuerda que no tenemos mérito propio, pues todo lo hemos recibido (1ª Corintios 4:7). Sorprendentemente el Señor Jesús, quien no tiene limitaciones, “siendo en forma de Dios… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8). ¡Cuánto más nosotros deberíamos tomar su ejemplo! En seguida se nos menciona la mansedumbre, que es lo opuesto a la rebeldía e irritabilidad, ésta procede de la humildad y no tiene nada que ver con la cobardía o la timidez, como muchos piensan. Una persona que tiene esta actitud  es una persona apacible, benigna, que sufre con paciencia los malos tratos sin el afán de venganza, perdona con facilidad, porque todo lo lleva a Dios y espera en Él. Éste es un fruto del Espíritu Santo que Dios hace morar en el creyente. Jesucristo no sólo es el ejemplo supremo de las virtudes cristianas, también nos llama a que practiquemos toda humildad y mansedumbre, lo cual sólo será posible si Él reina absolutamente en nuestro corazón. -LRL

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11:29

El gozo del cristiano

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe” Gálatas 5:22

Lectura: Gálatas 5:22-23; 1ª de Pedro 1

El gozo es tal vez la primera evidencia de un creyente. Parte de la razón es que el verdadero gozo no es una felicidad meramente superficial, sino un profundo conocimiento del bienestar que proviene de la satisfacción que un creyente encuentra en Dios.

Cuando se nos concede la fe para creer en Dios, el gozo es generado por el Espíritu Santo de manera espontánea. De hecho, en los tiempos del Nuevo Testamento el gozo es un tema muy común. Cabe mencionar que esta fue la época más difícil para los creyentes en cuanto a las persecuciones y dificultades de padecer como representantes de Cristo. Pedro, por ejemplo, escribió a la Iglesia primitiva lo siguiente: “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso” (1ª de Pedro 1:7-8).

El apóstol Pedro le escribió a gente que sufría de persecuciones, martirios y otras terribles experiencias. El consuelo –les dijo- viene de la fe genuina y ésta produce gozo. Tal es la realidad del creyente. En otras palabras, el gozo que podemos experimentar no depende de las circunstancias alrededor. Tomemos las palabras de Nehemías cuando se encontraba en una situación muy dolorosa: “…no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10b).
El apóstol Pablo también era un vivo ejemplo del gozo cristiano. Escribió sus epístolas durante el imperio de Nerón (y eso dice bastante del gozo ¿no es cierto?). Él escribió  “Estad siempre gozosos” (1ª Tesalonicenses 5:16). Amable lector: acuda a Dios que es la fuente de todo gozo. -GMT

 “Regocijaos en el Señor siempre, otra vez digo, ¡regocijaos!” Filipenses 4:4

Su maravilloso amor

“Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida” Oseas 11:4

1ª Corintios 13:1-8ª

Lo peor que nos puede suceder es que sabiendo que el amor procede de Dios, nos dediquemos a buscar y adorar al amor, en sí mismo, –que es un regalo de Dios- en lugar de adorar al Dador que es la fuente misma del amor. El amor reside en la naturaleza de Dios y no está enemistado con su soberanía, santidad, sabiduría… Dios se complace en Su amor, como se complace en Su justicia (Isaías 42:21) o cualquiera de sus otros atributos. Todos sus atributos están relacionados entre sí y están presentes en todo tiempo, manifestando el carácter del Señor a través de todas sus obras. Por ejemplo, la Palabra nos dice que Su amor es eterno (Jeremías 31: 3), esto es fácil entenderlo puesto que Él no tiene principio, ni fin, así que su amor tampoco lo tiene. Sabemos que Su amor es poderoso y grande, porque Él es así, y no hay nadie quien lo iguale (Jeremías 10:6). Que su amor es tierno y puro, porque así es el corazón de Dios (Isaías 49:15). Que es inalterable, porque Dios no cambia (Hebreos 13:8). Que su amor es fiel y perdurable, porque su fidelidad es para siempre (Salmos 119:90), etc. Nosotros no podemos alcanzar a entender su maravilloso y profundo amor, ni podemos explicarlo, sólo lo vemos en sus manifestaciones y somos bendecidos al recibirlo de Él. En el pasaje de hoy se nos habla de este amor (“ágape” en griego) al que podemos aspirar para amar a Dios, así como a nuestros semejantes, porque Su Espíritu nos lo ha dado. La naturaleza de este amor es sufrida porque tolera todo tipo de desprecios, y benigna porque no busca la venganza, sino por el contrario, sólo desea el beneficio del ser amado. ¿Difícil? ¡Imposible para nosotros, pero posible para Dios! Hoy es un buen día para agradecer a Dios por su maravilloso amor y reflexionar a través de la meditación y riqueza de nuestro pasaje, qué tanto lo estamos manifestando a los demás.  –LRL

Señor: ayúdanos a tener un corazón limpio para amarte como debemos y una voluntad obediente para amar a otros como nos has mandado.

Sea confiable

“No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad” 1ª Corintios 13:6

1ª  Corintios 13:1-8

El amor no se goza de la injusticia. El sentido general de este pasaje es que el amor no simpatiza con el mal, se conecta con la frase siguiente, el amor se goza de la verdad. Encuentro difícil amar a quien se alegra del mal infringido a otros, creo que cualquier sombra de admiración que yo sienta hacia alguien se desintegra si observo esta falta, creo que es una garantía en cambio confiar en alguien de quien sabemos que es justo, que se conduce con verdad, que es absolutamente confiable, esta característica es vital en el matrimonio. Al igual que el carácter, la confianza es algo que se desarrolla a lo largo de un período largo de tiempo. Sea confiable, si lo es, no importa que a su cónyuge le lleguen malos informes, él o ella le creerá, porque sabe cómo actúa usted. El amor todo lo cree, es decir, no es suspicaz, sino que acepta fácilmente lo que su cónyuge dice en defensa propia ¿se da cuenta que tienen relación con lo anterior? Si es confiable, la otra persona no tiene porqué ser suspicaz, de veras es un alivio vivir sin estas tensiones en el matrimonio. El amor todo lo espera: se confía en el prójimo, espera lo mejor, cuando uno expresa esperanza de que la otra persona puede mejorar, la otra persona se esfuerza por hacerlo mejor. Conservar la esperanza es de vital importancia en el matrimonio, le va ayudar a salir adelante de los conflictos que se presenten.  El amor nunca deja de ser, el amor no tiene fecha de caducidad. Lo que pienso ahora es ¿cómo le hace uno para desarrollar o tener este tipo de amor? Es prácticamente imposible para un ser humano normal, pero no se preocupen porque hay esperanza, lo que acabamos de ver es una descripción del perfecto amor de Dios, sin Él es imposible ponerlo en práctica, pero gracias a Dios si usted tiene a Cristo en el corazón, en su Palabra dice que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).    –GCZ

Dios le ha provisto de lo necesario para amar a su cónyuge de esta manera. Dios bendecirá su matrimonio, en la medida en la que se apoye en Él.