¿Volveremos a vivir?

“Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” 1ª Corintios 15:12
1ª Corintios 15
Una de las preguntas más antiguas en el estudio de la Biblia es la hecha por Job cuando dijo “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?”. Aún el apóstol Pablo fue retado por los corintios con la misma pregunta. En forma de argumento, Pablo respondió coherentemente de la siguiente manera: “¿Ustedes dicen que no hay resurrección? Porque si no hay resurrección, Cristo no resucitó tampoco. Y si no resucitó, entonces predican un evangelio falso, y ustedes mismos se engañan” (1ª Corintios 15:15-17 parafraseado). Si Cristo no resucitó, el cristianismo se derrumba… Ahora, Pablo no parece asombrado al hecho de que Jesús resucitó. El Señor se les apareció a los doce discípulos, luego a más de 500 hermanos. Es interesante que haya más testigos oculares de la resurrección de Cristo que de la vida misma de Platón y aún así mucha gente duda de la resurrección y no de la vida de Platón. Después Pablo dice: “y al último de todos, me apareció a mí”.
Dejando a un lado los testigos oculares, lo que a Pablo más le movía a creer era el poder transformador de Jesús en su propia vida. Él era un vivo ejemplo de que Jesús había pasado de muerte a vida. Y esa es la gran esperanza del creyente.
Nuestra fe no está basada en una tumba vacía. Nosotros no creemos porque el cuerpo ya no estaba ahí. Creemos porque Jesús se levantó entonces de los muertos y es real a través de su Espíritu en la vida de los creyentes ahora… y vendrá otra vez como lo ha prometido y nosotros volveremos a vivir y lo mejor de todo es que será junto a Él. –GMT
“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Juan 11:26

Cosas mayores

“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” Juan 14:12
Juan 14
En este capítulo de la Escritura, el Señor, prepara a sus discípulos para la inminente separación, su muerte en la cruz estaba próxima. “… y sabéis a dónde voy y sabéis el camino”. Tomás que deseaba estar seguro de recibir un mapa tangible dijo: “no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” A lo cual Jesús responde: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí”, luego Felipe añadió: “muéstranos al Padre y nos basta”. Jesús paciente, responde: “¿Tanto tiempo hace que estoy aquí, y no me has conocido Felipe?… de cierto te digo, el que cree en mí, las obras que yo hago él las hará también; y aun mayores hará porque voy al Padre”. Durante su ministerio, Jesús resucitó muertos, expulsó demonios, sanó enfermos, realizó milagros de multiplicación de alimentos, calmó la tempestad, caminó sobre el mar, etc.,… ¿Entendí bien cuando dice “el que cree en mí hará cosas mayores, porque voy al Padre”? No tengo conocimiento científico, no tengo idea de cómo dar vista al ciego, limpiar la lepra, ni restituir la función muscular de un inválido. Ignoro qué se necesita para multiplicar el pan, detener el viento, ni cómo solidificar la superficie del agua. Estos sobrenaturales actos, fueron realizados para confirmar la divinidad de Jesús, pero piense en Lázaro por un momento: aunque fue resucitado, al final volvió a morir; los cinco mil a quienes Jesús alimentó en el monte, al siguiente día tenían hambre de nuevo. Una vez que Cristo viene a morar en nuestro corazón, nos capacita para ser usados en alterar eternamente el destino de las almas, al transmitir el mensaje de salvación. No sólo dar temporal alivio, somos herederos de un proyecto eterno de redención; cuando hablamos con fidelidad a otros del plan de Dios para la salvación de las almas, cumplimos el propósito eterno de nuestras vidas. -IFdeW
“La gran comisión no es una opción para ser considerada, sino un mandamiento para ser obedecido” Hudson Taylor

Luz del mundo

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8:12
Juan 8
Cerca de Monterrey, México, hay unas grutas muy famosas, llamadas las “Grutas de García”. Las he visitado varias veces, y siempre es interesante ver lo bellas que son. En el recorrido, aunque lo he hecho ya muchas veces, siempre encuentro algo interesante o nuevo que ver. Recuerdo una vez que entré y el guía nos dijo que iba a apagar la luz para que experimentáramos el grado de oscuridad adentro. Cuando lo hizo, puse mi mano a centímetros de mi cara, pero no la pude ver. La oscuridad era absoluta. Andar por la vida sin Cristo es como caminar en oscuridad absoluta. La gente sin Dios se tambalea por la vida, esperando no cometer errores, esperando que su vida valga para algo, pero sin estar completamente seguros de ello.
¿Cuál es la respuesta? ¡Cristo! No solamente Cristo da luz, sino que Él mismo es la Luz. Él es la Luz que otorga luz para que no andemos en oscuridad. Es en Cristo en quien verdaderamente podemos ver nuestro sendero. Es en Cristo en quien podemos mirar hacia adelante y ver qué es lo que sigue a futuro. Cristo vino al mundo para ser la Luz. Cuando el mundo se encontraba en tinieblas (y por cierto, amando las tinieblas también), Cristo en amor y obediencia decidió encarnarse para salvarnos de nuestro error. Es por eso que el mensaje del Evangelio es sin igual. No es un mensaje de un Dios que otorga luz desde el cielo, sino el mensaje de un Dios que baja del cielo, para estar entre nosotros, y guiarnos. El Evangelio es personal. Cristo personalmente quiere ser tu luz. ¿Lo es? -EEO
“Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” Juan 12:46

Para que estemos con Él

“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Juan 14:3b
Juan 13:33 –Juan 14
Se acercaba el tiempo de la muerte del Señor Jesús y mientras pasaba los últimos días con sus discípulos les habló sobre su partida. Estaría sólo un poco de tiempo con ellos y luego iría a un lugar a donde no lo podían acompañar. Pedro fue el primero en preguntar dónde era ese lugar, pues él decía que estaba dispuesto a “seguirle hasta la muerte”. Sin embargo, Jesús le aclaró que aunque no le podían seguir en ese momento, después sería posible. El Señor Jesús, quien dejó toda su gloria para hacerse hombre, estaba próximo a morir, pero antes, prometió que resucitaría y no sólo eso, sino que también vendría por sus hijos para que viviéramos eternamente con Él. En el capítulo 14 de Juan vemos varias promesas hermosas para quienes hemos creído por la fe en el sacrificio de Cristo y hemos sido salvos. Ahí leemos que el lugar a donde Jesús iba era el cielo, con su Padre, a preparar una morada para sus hijos, una casa para vivir eternamente, un lugar hermoso de descanso, de paz, de plenitud en su misma presencia. Vemos a Tomás, quien aunque era discípulo, no acababa de entender a dónde iba Jesús ni cómo llegar a ese lugar. Entonces Jesús le dice la única manera de llegar al Padre: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Me constriñe pensar en todo lo que el Señor Jesús hizo para que estemos con él. Dejó todo lo que tenía, sufrió, tomó nuestro lugar cargando nuestros pecados en la cruz, para que por su sangre pudiéramos ser perdonados y así tener acceso al cielo y que viviéramos con Él por la eternidad. Dios ha provisto de todo lo necesario para ser salvos de la condenación eterna. Por la fe en la muerte y resurrección del Señor Jesús tenemos oportunidad de disfrutar de esa morada que fue a preparar. Si usted no está seguro de ir con Él al morir, le invito a que con atención lea las páginas centrales de la revista. -MTdeV
“Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” –Jesús en Juan 11:26

Él espera por usted

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” Lucas 15:20
Lucas 15, Mateo 11:25-30
En la lectura de hoy, en la parábola del hijo pródigo, Jesús nos da un ejemplo de cómo es el Padre celestial. El hijo menor decide un día alejarse de su padre, ser “independiente” y “experimentar” los placeres del mundo, así que le pide su parte de la herencia… En ocasiones alguien que ya es un hijo de Dios por la fe en Cristo se aparta de Él, tal como el joven de la parábola y las consecuencias de esta decisión, en ambos casos, son las mismas. La lejanía de la comunión con el Padre da como resultado descender cada día y vivir en mayor perdición.
Al malgastar todo lo suyo, no solamente su dinero sino también su vida, el hijo menor comenzó a tener hambre, de tal manera que deseaba llenarse con la comida de los cerdos. Aquellos que han decidido apartarse de Dios, tratan de llenar su necesidad espiritual “comiendo” de lo más inmundo de este mundo. El hijo no se daba cuenta del gran peligro que corría al comer lo mismo que los cerdos; aquellos que se han apartado de Dios pierden toda sensibilidad hacia el pecado.
No hubo un cambio en el hijo, hasta que cayó en lo más bajo y luego como si hubiera estado loco, “volvió en sí”, se dio cuenta de su gran pecado y arrepentido, regresó a su padre. Es entonces cuando podemos ver el gran amor del padre: “… este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado…”. (Lucas 15:24) Los harapos son cambiados por un vestido nuevo, “como escogido de Dios”; (Colosenses 3:12) el anillo es colocado en su dedo como señal de su reconciliación y restauración; (Romanos 5:1-5) y un nuevo calzado para el camino que había dejado.
El padre perdonó completamente y restituyó a su hijo perdido. Si usted ha gustado la gracia de Dios y se ha apartado, vuelva hoy mismo al Señor, quien es amplio en perdonar y limpiar de todo pecado. El Padre Celestial lo espera… -JCSG
“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” –Romanos 8:15