“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo…”. Éxodo 20:1
Lectura: Éxodo 20
Si Dios no hubiera hablado en el transcurso de la historia, estaríamos perdidos en un desierto de confusión acerca del significado de la vida. Si Él no hubiera revelado su voluntad, vagaríamos sin sentido por los mares de nuestra existencia. Y aunque es cierto que todo mundo tiene una vaga idea de lo que es bueno y malo, lo que ayuda y daña, lo correcto e incorrecto, nadie sabe concretamente -tomando la eternidad como referencia- lo que en verdad importa. Si Dios no hubiera hablado, no habría fundamento, ni raíz de la verdad… Amigo lector, es así como la mayoría de la gente habla hoy en día; tienen una idea, la toman como hecho y establecen su verdad relativa. Dios ha hablado, y cuando Él habla todo el mundo debe prestar atención. El Señor estableció una parte de su testimonio en los diez mandamientos. Interesante es saber que “los diez mandamientos” no comienzan con mandamientos. No vemos a Dios empezando su discurso con “No harás tal y tal cosa” sino con “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”. Toma una pausa aquí porque eso es absolutamente genial. Dios no manda nada de lo que Él no haya hecho previamente y nos haya dejado huella para que sigamos su pisada. Es como si Dios dijera: “Yo Jehová, quien está a punto de darte una serie de mandamientos, tengo un testimonio perfecto que me respalda…Yo te saqué de la esclavitud en que estabas en Egipto. Tú viste mi mano cuando lidiaba con faraón y su ejército. Abrí el mar rojo a tus pies. Fuiste guiado por mi columna de fuego. Te has alimentado del maná que te mandé del cielo, has contemplado mi grandeza y santidad…Yo soy Jehová tu Dios”. En palabras del autor Francis Schaeffer: “¿Cómo debemos vivir entonces?”. Teniendo en cuenta que Dios ha hablado y que ha establecido un testimonio perfecto, será mejor que lo hagamos: “Agradándole con temor y reverencia porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12:28) –GMT
“Desde los cielos te hizo oír su voz, para enseñarte…” –Deuteronomio 4:36 a