Metamorfosis

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” 2 Corintios 5:17

2ª Corintios 5

La primera definición que la Real Academia Española da a la palabra metamorfosis es sencilla: “Transformación de algo en otra cosa”. Esta interesante palabra proviene del griego que quiere decir: “transformación”. La mariposa no es el único insecto que pasa por metamorfosis. Hay varios insectos y anfibios que pasan por este proceso. Pero la mariposa es el ejemplo más impactante porque pasa de ser una oruga—un insecto que muchos encuentran algo repugnante—a una mariposa, uno de los insectos más bellos en nuestro planeta. 2ª Corintios 5:17 nos dice que el cristiano, al creer en Cristo, pasa por un proceso de metamorfosis, por así decirlo. Este cambio no es natural, sino todo lo contrario. Para experimentar este cambio radical, hay una condición absoluta: estar en Cristo. La única manera de estar en Cristo es a través de la fe. Es la única manera de reconciliarnos con Dios (v.19). Y es la única manera de ser transformado. Dice este verso que somos transformados en una nueva criatura. ¿A qué se refiere? Sin duda alguna no indica que dejamos ser de alguna manera humanos. No; es un cambio espiritual e interno. El Creyente adquiere un corazón limpio, un Espíritu renovado (Salmos 51:10), y una nueva naturaleza (Colosenses 3:10; Efesios 4:24). Al adquirir esta nueva naturaleza, es como un “borrón y cuenta nueva”. Dios ya no nos toma en cuenta nuestros pecados gracias a Cristo. Lo pasado queda en el pasado, y todo es ahora nuevo. Un maestro de consejería nos decía, “Cuando te sientas triste, afligido, o en medio de una prueba, di en voz alta: “Podré estar triste, ¡pero tengo a Cristo!”. –EEO

Esta transformación es causa de gozo, independientemente de lo que estemos pasando.

[altered] Psalm 32:7 Thou art my hiding place; thou shalt preserve me from trouble; thou shalt compass me about with songs of deliveranc

Mensajero infiel

“El mal mensajero acarrea desgracia; mas el mensajero fiel acarrea salud” Proverbios 13:17

Romanos 1

La noticia parecía sacada de una tira cómica, el hombre en la pantalla del televisor de rostro inexpresivo aparecía esposado y a continuación la pantalla presentaba una serie de costales llenos de correspondencia no entregada; 100 k de cartas, había cuentas de banco, recibos que no fueron pagados a tiempo, cartas de lejanas tierras, etc., etc. El hombre era el cartero infiel que por pereza no había cumplido con su deber. Ahora enfrentaría la cárcel, pues su delito es considerado grave en nuestro país. ¡Y vaya que es grave! Imagine amigo lector, que es usted el destinatario de alguno de esos sobres… Como cristianos, somos llamados a ser mensajeros de buenas nuevas. Para Dios es un pecado gravísimo detener la verdad “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18). ¡Es una injusticia! Y es producto de la impiedad. Ahora uno podría pensar que sólo aquellos que no creen en Jesús como su Salvador personal detienen la verdad, pero no es así (2ª Timoteo 4:1-2). Detenemos la verdad cuando conociéndola no predicamos a tiempo y fuera de tiempo (Efesios 4:1; Romanos 2:17-24). Detenemos la verdad cuando decimos que somos cristianos y vivimos como si no lo fuéramos, haciendo que el Nombre del Señor sea blasfemado con nuestra conducta (2ª Tesalonicenses 3:1). Detenemos la verdad cuando no oramos como se nos solicita por quien va a predicar el evangelio (Filipenses 4:10-19). Detenemos la verdad cuando no sostenemos a quienes se dedican a predicar el evangelio.

¿Cuántos de nosotros somos culpables de este delito?… yo me he encontrado culpable, le he pedido a Dios que me perdone y que me ayude a ser mensajera fiel de su Palabra…  -GCZ

“Como frío de nieve en tiempo de la siega, así es el mensajero fiel a los que lo envían, pues al alma de su señor da refrigerio”  Proverbios 25:13

La verdadera sanidad

 “Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese” Juan 5:4

Juan 5:1-29

Si disponemos del tiempo e interés suficientes para estudiar la Palabra, nos podemos dar cuenta de que cada parte de ella nos habla del gran interés que Dios tiene por nosotros. En el pasaje de hoy podemos ver esto, un grupo de personas que tenían fuertes necesidades de salud y Dios, en su misericordia, enviaba alivio para ellos. Pero Dios hizo aún más, en Filipenses 2:6-7 se nos habla que Dios mismo, en la persona de Jesucristo, vino a este mundo para suplir nuestra mayor necesidad, que no es la salud de nuestro cuerpo, sino de nuestra alma. En el hombre que había estado paralítico desde hacía 38 años se muestra la obra que Jesucristo vino a hacer. Jesús, siendo Dios, podía no solo sanar a este hombre, sino salvar su alma, pues Él vino para salvar lo que se había perdido (Mateo 18:11). El hombre enfermo sólo veía su incapacidad para tener acceso al agua, pues se movía despacio y no tenía quien le ayudara; Jesús veía más allá, se daba cuenta de que el hombre tenía un problema mayor: el pecado (Romanos 3:23) y es el mismo que nosotros tenemos, a veces, sin darnos cuenta. Cuando Jesús le dice al hombre: “Levántate, toma tu lecho, y anda…” era necesario que este hombre escuchara la palabra de Jesús, la creyera y la obedeciera, cosas que, según Juan 5:24 nos lleva a la vida eterna en Jesús. Este hombre lo hizo, escuchó y creyó y eso lo cambió para siempre. Después de su encuentro con Jesús, el hombre paralítico es otra persona. Puede caminar, tiene energía para levantar su lecho y llevarlo, y tiene la valentía para contradecir a los judíos que le reprendieron. Jesús lo hizo un hombre nuevo (1ª Corintios 5:17). De la misma manera, Jesús puede obrar en su vida estimado lector y puede suplir su mayor necesidad, la de salvación. Le invito a que vaya a las páginas centrales para que lea más acerca de esto.     –VZdeC.

“Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” Lucas 5:31-32

El reino de Dios

“Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas” Lucas 13:18-19.

Lucas 13

Uno de los árboles más grandes en el mundo es el “Titán del Norte”, un árbol sequoia en el norte de California que mide 7.2 m en diámetro y 94 m de altura. Es difícil imaginar que estos magníficos árboles—algunos tienen más de mil años de antigüedad—en algún tiempo fueron una pequeña semilla. La semilla de mostaza, aunque es pequeña, se convierte en un árbol que puede llegar a medir tres metros de altura. Cristo usa el ejemplo de la semilla de mostaza ya que era parte de los dichos proverbiales de los judíos, y se consideraba una de las semillas más pequeñas con la que estaban familiarizados en esa cultura. Jesús compara el Reino de Dios con el crecimiento impresionante de la semilla de mostaza. La comparación es ésta: igual como la semilla de mostaza es pequeña, el Reino de Dios representado y predicado por Jesús parecía serlo también. Recordemos que Cristo sólo tuvo doce apóstoles, y uno le traicionó. Parecía ser un movimiento insignificante, popular entre los pobres y necesitados, pero rechazado por la sociedad en general. Pero así como la semilla crece, Cristo profetizó que el Reino de Dios crecería. ¡Y vaya que se cumplió su profecía! Hoy, 2,000 años después, hemos no solamente escuchado de Cristo sino creído en Él. Hoy en día hay millones de cristianos en el mundo, y eso sin contar los millones más que han creído y creerán en Él. Somos parte de algo grande. El Reino de Dios, el cual se manifiesta en parte en la Iglesia, sigue creciendo. Está explotando en el llamado “Sur Global”, en China y en muchos otros países. Los domingos cuando te reúnes con la iglesia, recuerda que somos parte de algo especial. Somos parte de un cuerpo que sigue creciendo. Un cuerpo amado por Dios. Eres parte de algo más grande de lo que te imaginas. Dale a Dios gracias por ello. –EEO

“Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” Hechos 2:47b

¡Bienaventurados!

Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” Lucas 1:45

Lucas 2

María sufrió la viudez, pero su sufrimiento máximo fue junto a la cruz. El amor de Jesús por su madre y el cuidado de ella se hizo muy notorio en la cruz y quedó escrito dentro de las últimas Palabras del Señor. Sus palabras eran muy difíciles de articular, estaba en agonía, tenía que hacer demasiado esfuerzo para incorporarse, sobre el pequeño madero en el que clavaron sus pies y poder pronunciar cada una de sus últimas palabras (Juan19:26, 27)… pero lo hizo; encomendó a su madre al cuidado de Juan, el discípulo amado. María presenció su muerte y sepultura, cuando lo bajaron de la cruz, su dolor fue muy intenso, aquí se cumplió la profecía de Simeón. Pero después de esto, ella vio al Salvador resucitado y su gozo fue mayor. La última vez que se menciona, María está con sus hijos orando junto con los discípulos, en ningún momento dirige, ni toma lugar de autoridad, está ahí en sumisión a la dirección de los apóstoles  (Hechos 1:14); después de esto ya no se le menciona. Se cree que lo escrito por Lucas sean aportaciones de los recuerdos de María, por la guía del Espíritu Santo. María tuvo sufrimientos y glorias; en esta vida todos tenemos una mezcla de ambas, pero como ella los que esperamos en Cristo recibimos con esperanza todo lo que venga a nuestra vida, porque Él está a nuestro lado y siempre será mayor la bendición que la adversidad. Hay mucho que decir acerca de María, su humildad reflejada en su forma de dar gloria y honor a Su Salvador; cómo ella se expresa de quien la salvó. Dios la miró, la tomó en cuenta y le dio de sus dones para una misión especial, la bendijo en gran manera. Preguntémonos nosotros ¿No nos ha salvado el Señor? ¿Nos ha mirado? ¿Nos ha llamado a servirle? ¿Somos bienaventurados? Que privilegio que en su misericordia el Señor nos permita servirle como sus esclavos y ver en nuestra vida Su gracia, porque Él también nos ha llamado y nos ha salvado, nos ha mirado, nos ha sonreído, nos ha amado, nos ha dado una familia en la carne y en el Espíritu y nos ha beneficiado con sus dones. ¡Somos bienaventurados! –LHdeS

“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” Juan 13:17