¿Qué significa…?

“Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola” Marcos 4:10

Marcos 4:1-20

¿Por qué Jesús habló por parábolas? Una parábola de acuerdo al diccionario “es una narración de un suceso inventado, del cual se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral”. Es decir que usar parábolas es un buen recurso de enseñanza; además que Jesús usó ejemplos de cosas que eran perfectamente entendibles para su audiencia. En este caso quienes le escuchaban eran hombres del campo para quienes las leyes de la cosecha eran bien conocidas… ¿Pero cuál era la enseñanza espiritual? ¿Era la intención de Jesús que su público se quedara sin saber la enseñanza? Aparentemente los discípulos llegaron a pensar que ese era el propósito, pues ellos tampoco habían entendido; así que se acercaron y le preguntaron “¿qué significa…?” (Lucas 8:9) La respuesta de Jesús incluyó la razón de hablar en parábolas “para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan…” (Marcos 4:12ª). Ésta amigo lector, es una verdad difícil de explicar, por lo que ahora sólo le pediré que ponga atención en la razón por la que los discípulos sí recibieron una explicación de la parábola. Lo que resalta en el versículo que da entrada a este devocional: los que estaban cerca preguntaron. Aquel día miles de personas tuvieron la oportunidad de escuchar al unigénito Hijo de Dios, cualquiera pudo acercarse y preguntar, sólo los discípulos lo hicieron.  La Palabra de Dios ha salido por la tierra, se ha predicado en diferentes lugares, hay gente en la calle repartiendo folletos, pintando versículos en diferentes bardas… Para la mayoría de quienes escuchan o leen, un velo cubrirá el significado de la sencilla Palabra de Dios; pero a unos cuantos que deciden acercarse a Dios y preguntarle “¿qué tienes que decirme a través de esta Palabra?”  El velo será quitado…              -GCZ

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. 1ª Corintios 2:14

Un tesoro escondido

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” Mateo 13:44.

Mateo 13

En mi librero hay varios libros que quiero mucho porque tienen algún valor sentimental. Uno de ellos es “La Isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson. Es un libro de hojas amarillas que huele a viejo. Me encanta. La razón por la cual le tengo cariño a ese libro es porque fue la primera novela de aventura que leí de chico. Fue una de las novelas que me hizo querer convertirme en escritor. La trama de la novela es fascinante: un niño que se embarca en la búsqueda de un tesoro en compañía de marineros y piratas en una isla perdida. Las historias de aventuras, de piratas, de bucaneros y tesoros escondidos nos encantan. Quizá en los tiempos de Cristo había también leyendas de grandes tesoros, como aquellos escondidos por los Faraones y los grandes conquistadores. La parábola del tesoro escondido es interesantísima. Hay varios elementos de suma importancia. Primero, el reino de los cielos es un tesoro. Segundo, el descubrimiento es causa de gozo. La razón del gozo es porque el tesoro es invaluable. Es por eso que, tercero, el tesoro lo vale todo. El hombre de la historia “vende todo lo que tiene” con tal de comprar el campo en donde está el tesoro. Ahora apliquemos la parábola. El Reino de los Cielos es el dominio espiritual y físico de Dios, al cual se entra espiritualmente a través del arrepentimiento y fe en Cristo (Marcos 1:15). Para heredar el Reino de Dios uno tiene que convertirse en cristiano. Uno tiene que recibir y creer en Jesús (Juan 1:12). Si usted no ha hecho esto, no es parte del Reino. El punto de Jesús es: tener el Reino (o en otras palabras, ser parte del Reino) es más valioso que cualquier cosa en el mundo. No hay nada mejor que ser cristiano. No hay nada que siquiera se acerque. –EEO

Tener a Cristo lo es todo. ¡Qué gozo es ser parte del Reino de Dios!

Mirando lo temporal

“Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte” Jonás 4:9

Jonás 4

No sorprende en este versículo la dureza de Jonás al no reflexionar con la pregunta que Dios le hace por segunda vez, pero que ahora es más reveladora de su mala condición espiritual, porque Dios se encarga de enfatizar en que su enojo es por una calabacera. El enojo era porque la calabacera pereció y antes había sido porque los ninivitas no iban a perecer. O sea que para Jonás era más importante una planta que los seres humanos hechos a la semejanza de Dios. Y así nosotros nos conmovemos por la inflación o por la devaluación y por el trabajo, la comida y el vestido. Pero no nos conmovemos por las miles de personas que diariamente pasan a la eternidad sin Cristo. Jonás aún ratificó su necedad insolentemente “mucho me enojo hasta la muerte. Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció” (v.9b-10). Aquí tenemos la explicación de la lección que Dios quiso dar a Jonás y a nosotros por medio de la calabacera de corta duración: mostrarnos dónde tenemos nuestro corazón. Jonás se entristeció por la calabacera no obstante que no le pertenecía ¿Cómo es que no podía aceptar que Dios se compadeciera de sus criaturas que le pertenecen, ha trabajado en ellas y les ha hecho crecer? Esta falta de discernimiento ocurre en los creyentes siempre que valoramos las cosas en función del beneficio que nos aportan y no en  función de los propósitos eternos de Dios. En relación con los ninivitas Jonás consideró bueno para él que perecieran, así que se enojó porque vivieron. La mirada de Jonás estaba puesta en las cosas temporales. La única forma de que cambiara era que pusiera su mirada en las cosas eternas, las cosas de Dios (2ª Corintios 4:15-18; Colosenses 3:1-3). –Desde la Edición

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” Colosenses 3:2-3

Balance

Pero al venir el alba del día siguiente, Dios preparó un gusano, el cual hirió la calabacera, y se secó” Jonás 4:7

Jonás 4

Con esta calabacera Dios mostraba una vez más a Jonás su misericordia, porque Dios se la dio para que “hiciese sombra sobre su cabeza y le librase de su malestar”, y todavía Jonás no aprendió la lección. Ahí estaba “grandemente alegre” porque recibía un beneficio de Dios, cuando antes estaba muy enojado porque otros (los ninivitas) habían sido bendecidos por la misericordia divina. En los  versos siguientes (7-8), confirmamos cuánto dependía Jonás de las circunstancias, su vida era de altas y bajas, porque las circunstancias influyen sobre los sentimientos y los hacen cambiar. A muchos de nosotros un día nublado y lluvioso nos deprime y un día soleado y cálido nos alegra. Esto nos ocurre con diferente intensidad y no es pecado; pero si actuamos controlados por nuestro estado de ánimo es muy probable que nuestra conducta llegue a ser pecaminosa e inconstante… “Estoy triste, hoy no iré a la reunión”, “hoy no tengo ganas de leer la Biblia”, etc. Las circunstancias cambiaron y la depresión apareció de nuevo. Hasta este momento Jonás no conoce la vida de balance porque el balance viene con la madurez y una señal de inmadurez es guiarnos por los sentimientos. La valoración que Jonás hacía de la vida dependía de cómo se sintiera, si había sombra sobre su cabeza se alegraba, no poco, sino grandemente y si se sentía desmayar a causa del sol que le hería la cabeza, entonces deseaba morirse. Así somos muchos creyentes ahora, si todo va bien, si hay dinero, prosperidad salud, etc., entonces vamos a las reuniones, ofrendamos, damos estudios. Pero si las circunstancias cambian entonces no queremos saber nada de nadie y nos volvemos inconstantes mostrando en dónde está nuestro corazón. – Desde la Edición

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9

Extremos

“Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?” Jonás 4:4

Jonás 4

Jonás además de enojarse permitió que su enojo lo sacara de balance y perdió todo punto de vista espiritual. La frase “enojarte tanto” enfatiza el no tener control, hasta el extremo de perder toda visión espiritual. Casi siempre el enojo tiene como raíz el egoísmo y Jonás estaba mostrándose muy egoísta queriendo la misericordia de Dios sólo para él y para su nación. Aparentemente sólo la destrucción de Nínive podía satisfacer la carnalidad y egoísmo de Jonás. Así que salió de la ciudad y se instaló cómodamente. Se hizo un techo de ramas y en la sombra esperaba, tal vez Dios cumpliría su capricho. Si esta actitud de espera que mostramos hacia el cumplimiento de nuestros caprichos, la tuviéramos en la voluntad de Dios seríamos cristianos victoriosos con abundante fruto en nuestra vida. Jonás esperaba en primera fila ver el espectáculo de la destrucción de la ciudad. “Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le librase de su malestar; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera” (v. 6) Totalmente controlado por su egoísmo, Jonás cambiaba el estado de ánimo conforme cambiaban las circunstancias que le rodeaban. Pasaba de la más profunda depresión a la más extremosa manifestación de alegría. La gráfica de su vida era la de una montaña rusa, como la de cualquier creyente que vive controlado por sus sentimientos (Jeremías 17:9). Muchos de nosotros, como Jonás, encontramos nuestro confort y felicidad en las cosas menos importantes de la vida y no sabemos gozarnos en las grandes cosas tales como: ganar las almas. Pero tenemos algo nuevo, algo material y por lo tanto temporal, como una casa, un carro, un viaje, un negocio, etc., y hacemos gran fiesta y queremos que todos lo sepan. A veces son cosas que Dios nos ha dado en su voluntad, pero no son para que pongamos en ellas nuestro corazón. –Desde la Edición

“…No pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” 1ª Timoteo 6:17b