Con ojos de niño 

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” Juan 1:12

Lectura: 1ª de Juan 3

Trabajando en el área de  guardería en una escuela privada, cerca de casa, tengo muchos retos y satisfacciones diarias. Hoy, sin embargo, quiero compartir una de las innumerables lecciones que he aprendido. Mi clase, está formada de 4 infantes de entre 7 y 10 meses de edad. Estos pequeños, y yo compartimos en promedio 8 horas diarias. A razón de esto, y por ser ellos tan jóvenes, el vínculo que nos une es estrecho. Esta tarde mientras alimentaba a la pequeña Emma, me di cuenta que ella abre la boca, tan pronto acerco la cuchara. No se resiste a que la alimente, ni cuestiona, si lo que le voy a dar, es saludable, o no. Ella depende de mí, y cree que lo que le ofrezco es bueno, por eso sin vacilar lo come. El pequeño Garrett, cuando está cansado, buscará jalar mi ropa para que lo arrulle, y una vez estando en mi regazo, con libertad acaricia mi cara, hasta que sus grandes ojos grises se cierran; él descansa confiado, relajado en mis brazos. Cuando le doy a Nicholas su leche, no duda, si ese es el biberón y la fórmula correcta, con la cantidad adecuada para él, sólo lo toma con sus pequeñas manos, y se lo bebe completo, porque él no duda en depender de mí. Preston quien es el más joven de la clase, se siente inquieto cuando salgo del salón, al grado que llora durante mi tiempo de ausencia, pues se siente ligado a mi presencia, a mi tono de voz, y a mi aroma. Esta clase de “fe”, ausente de cuestionamientos, y la dependencia total, es sin duda las cualidades que Jesús se refería, al expresar que debemos ser como niños para recibir el Evangelio, y entrar en el reino de Dios. Creer que lo que Él da es bueno, que su Palabra nutre, y que si nos arrebata algo de las manos, es porque eso nos pone en peligro. Extender a Él los brazos, para pedir por su regazo, y una vez allí descansar seguros. Llorar si no vemos Su rostro, oímos Su voz, o sentimos el aroma de Su presencia. Con ojos de niño, Señor Divino, déjame verte. -IFdeW

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti” Isaías 49:15

¿Quién es sabio y entendido?

¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” Santiago 3:13

Lectura: Santiago 3:13-18

Este pasaje hace una pregunta y enseguida da la respuesta; el entendido se conducirá con mansedumbre en sus relaciones cotidianas. La mansedumbre se define como gentileza y humildad y lo contario a esta es la ira, irritación, y el furor. La Biblia habla del hombre manso como uno que es bienaventurado, que heredará la tierra y se recreará con abundancia de paz. Se menciona a Moisés como el hombre más manso que existía sobre la tierra. Pero lo que más nos puede inspirar a actuar con mansedumbre es lo que dijo Jesús enMateo 11:29 Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Lo contrario a mansedumbre es actuar con inquietud, desconfianza, sospecha de engaño, resentimiento, envidia de los triunfos ajenos, con pleitos, intrigas y rencillas; por esto anterior dice en Santiago 3Porque donde hay celos y contención, ahí hay perturbación y toda obra perversa (16). Tiene que ver con la soberbia de uno que cree merecerlo todo, que exige atención y demanda beneficios de los cuales se cree digno y con méritos propios, generalmente no es agradecido, ni piensa en dar sino solo en recibir, esto puede o no mostrarlo, pero muchas veces puede aparentar que es  justo. Por esto dice: Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad” (14) porque esta sabiduría es terrenal, animal, diabólica (15). Pero la sabiduría que es de lo alto es pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (17). Esta persona que es íntegra, sabia y entendida tendrá fruto de justicia y paz (18). Amado lector personalicemos esta pregunta  ¿Soy sabio y entendido? –LHdeS

Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” Daniel 12:3

Ten fe 

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” Hebreos 11:6

Hebreos 11

Tomábamos un café, justo afuera del seminario. Yo le había pedido a mi profesor de Antiguo Testamento si podía hablar con él, ya que estaba pasando por ciertas dudas acerca de la fe. Ya que él era un hombre piadoso, sabía que me daría argumentos convincentes para aclarar todas mis dudas. Pero su sencilla respuesta me sorprendió. Tienes que tener fe. Tradicionalmente se dice que tenemos cinco sentidos: la vista, el tacto, el gusto, el olfato, y el oído. Estos sentidos son un regalo de Dios y debemos usarlos al máximo para Su gloria. Sin embargo, el creyente debe constantemente hacer uso de otro sentido; un sentido espiritual: la Fe. Pablo dice en 2ª Corintios 5:7, “Porque por fe andamos, no por vista”. La seguridad del cristiano no viene principalmente a través de los cinco sentidos. No, el cristiano tiene seguridad ya que tiene fe. La Biblia define la fe como la “certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Este versículo es fascinante. La fe nos da certeza y convicción de cosas que son futuras e invisibles. La tentación es ser como Tomás. ¿Recuerdas lo que dijo cuando le dijeron que Jesús se había aparecido vivo después de su muerte? Básicamente respondió: “Si no lo veo, no lo creo” (Juan 20:25). ¿Qué le dijo Cristo cuando Tomás finalmente lo vio? “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). Han pasado algunos años desde que mi profesor de Antiguo Testamento me dio el sencillo (y profundo) consejo de tener fe. Ha sido un gran consejo. Me he dado cuenta que, como dijo Agustín de Hipona, hay que creer para ver, y no ver para creer. ¿Estás pasando por duda? Ten fe. Dios da vista a los ciegos, pero solo si hay fe. –EEO 

“Por la fe (Moisés) dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible” Hebreos 11:27

La fe

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Hebreos 11:1

Hebreos 11

Dios quiere que caminemos por fe y no por vista o apariencias porque nuestros cinco sentidos, con mucha frecuencia nos engañan. “Porque por fe andamos, no por vista” (2ª Corintios 5:7); y “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6a), es decir que, como vemos, la fe es un indispensable requisito para que Dios declare como justo al pecador que CREE en la Persona y obra de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Hemos leído que la “fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe es pues el reconocimiento de que Cristo ha hecho TODO a mi favor, y de que la declaración que Dios me aplica como “justo”, es a consecuencia de haber sido cumplida enteramente Su ley por medio de la muerte y resurrección de mi Sustituto –el Señor Jesucristo-. Creer que, por medio del derramamiento de Su sangre Cristo llevó el castigo por mis pecados; que Él se entregó a la muerte no sólo por mí, sino por todos (Mateo 20:28), que Su preciosa sangre divina fue derramada para rescatarnos, y que esa misma preciosa sangre fue presentada delante del trono de Dios en los cielos como pago por nuestra redención es a lo que se refiere esta fe de la que venimos hablando. Solamente por Su gracia somos salvos por medio de la fe, la cual por cierto, también procede de Dios, como leemos en Efesios 2:8 y 9 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” ¡¿Cómo no debemos estar agradecidos?! Amigo lector cristianooremos pues a Dios, en todo momento, manifestándole nuestro agradecimiento por su gracia y gran misericordia para nuestras vidas.  RZA

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” Hebreos 11:6

Envejecer sin aprender 

“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien” Tito  2:3

Tito 2:3-4; Hebreos 5:11-14

No creo que sea malo envejecer, lo malo en todo caso es envejecer sin aprender, eso sí lo considero una verdadera tragedia. Permítame poner un ejemplo ¿Cómo puede una florecilla del desierto dar gloria a su Creador? Dando su perfume abriendo sus pétalos, sólo para ser admirada por su Creador. Cada hombre y mujer puede honrar a su Señor, cumpliendo el soberano propósito para el cual fue creado. Las ancianas a que se refiere nuestro pasaje no necesariamente son mujeres que ya han llegado a la vejez. Más bien se refiere a mujeres fieles a Dios, lectoras y hacedores de la Palabra, mujeres llenas del Espíritu Santo, dirigidas por Dios en su servicio. Cada mujer cristiana que tiene años de conocer al Señor debiera aspirar a ser ese tipo de mujer a la que se refiere este pasaje. No es una meta elevadísima a la que sólo gente muy especial puede aspirar, el llamado es para todas las creyentes. Este pasaje señala como algo fundamental dedicarse a enseñar a otras mujeres, para hacerlo se requiere dejar de lado lo que yo deseo hacer por servir a otra persona. El dejar de lado mi egoísmo y ocuparme de otros, sólo puede dar como resultado salud espiritual y física. Amigo lector, se espera de nosotros que el crecimiento físico en los y las cristianas vaya acompañado de madurez espiritual. Una de las razones para que esta madurez no se produzca es habernos hecho “tardos para oír” (Hebreos 5:11), es decir, no es que falle el oído, sino que voluntariamente no escuchamos lo que Dios quiere enseñarnos. Una larga niñez espiritual no es lo que Dios espera de sus hijos. La meta real es que con los años todo cristiano se convierta en un maestro de la Biblia (Hebreos 5:12) ¿cómo le va en el cumplimiento de esta meta? –GCZ 

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” 2ª Corintios 4:16