Hombres valientes

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 2ª Timoteo 1:7
2ª Timoteo 1
Si hay alguien que ha sabido lo que es sufrir aflicciones por el evangelio, es el apóstol Pablo. En medio de esto, Dios siempre estaba con él, dándole fuerzas (2ª Timoteo 4:17) y en esta ocasión permitió que Onesíforo acompañara a Pablo para confortarlo. Es difícil solidarizarse con alguien que está en prisión, aunque sea injustamente; es necesario ser muy valiente para buscar solícitamente a Pablo, para animarlo y alentarlo una y otra vez, en medio de una situación difícil; sin avergonzarse de que su amigo estuviera en la cárcel. ¿Cuántos obstáculos encontraría Onesíforo para visitar a Pablo? Probablemente muchos, pero no los tomó como excusa para no seguir insistiendo en buscar a su amigo y acompañarlo en su aflicción. Sin duda, Onesíforo era un hombre valiente que se caracterizaba por su solicitud y servicio a los hermanos en necesidad… ¿La valentía era una cualidad innata en Onesíforo o en Pablo? ¿Eran valientes por un esfuerzo personal que los hacía superiores a otros hombres? No en realidad, pues ya antes el mismo apóstol Pablo le ha dicho a Timoteo que el origen del valor estaba en Dios (2ª Timoteo 1:7). Lo que sí hicieron estos hombres, fue creerle a Dios, creer que lo que Dios había prometido para sus vidas era cierto, creyeron que sin importar lo que ocurriere, terminarían su carrera en el cielo… Así que no tenían nada que temer, pues efectivamente Dios quien lo prometió, es fiel. Amable lector creyente, ¿usted cree que serán necesarios cristianos valientes hoy en día? ¡Claro que sí! Hombres y mujeres que compartan las verdades de la Biblia a los que están en oscuridad, que diligente y solícitamente busquen hacer la voluntad de Dios… Le invito, vayamos a la fuente del valor y la fortaleza, vayamos a Jesús cada día en oración, tomemos de su Palabra para nuestras vidas. -VZdeC
“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” Habacuc 3:19

Por su misericordia

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” Lamentaciones 3:22
Lectura: 1ª Timoteo 1:12-17
Nuestra lectura de hoy, nos presenta en breve el testimonio del apóstol Pablo; lo encontramos reconociendo cuál fue su forma de ser antes de conocer a Cristo: blasfemo, perseguidor e injuriador, nos llama la atención el final del versículo 13, porque dice que “lo hizo por ignorancia, en incredulidad”. ¿Era esta una excusa que pretendía dar el apóstol? No, pues ya ha dicho los graves pecados que había cometido. ¿Qué era lo que ignoraba y lo que no creía? Pablo era un judío perteneciente a la secta más celosa de su religión, él sinceramente creía que hacía un servicio a Dios, ignoraba que Cristo era el Mesías y que en Él hay salvación. Fue el gran amor de Dios el que le abrió los ojos para darse cuenta de su necesidad y de que ésta sólo podía ser cubierta por el sacrificio del Mesías en la cruz. Pablo tenía muy claro que era por la misericordia de Dios que ahora podía ser su siervo “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (v. 15); así que agradece a Dios y busca en todo momento alabar y honrar Su nombre. Cada uno en lo individual necesitamos un Salvador que nos libre de la condenación eterna, fruto del pecado que mora en nuestras vidas; necesitamos dejar de ser ignorantes e incrédulos y dejar de hacer las cosas sin tomar en cuenta a Dios, para después no tener que llevar las consecuencias desagradables de nuestras decisiones. Por mi parte, hace once años que acepté la misericordia de Dios y entregué mi vida a Jesús. ¿Y usted? ¿Ha sido recibido a misericordia? Le invito a ir a las páginas centrales de esta revista, en busca del perdón que Dios le ofrece, por su pura misericordia. –VZdeC
“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia…” Tito 3:4-5ª

Sin temor a morir

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” Filipenses1:21
Filipenses 1: 12-30
Un tema tabú en la mayoría de las culturas es la muerte… Preferimos no hablar de la posibilidad de nuestra partida de este mundo, entonces tampoco hacemos planes para esto. Vivimos como si nos fuéramos a quedar para siempre. Posponemos decisiones trascendentales tales cómo ¿en dónde pasaré la eternidad?… hasta que algún evento inesperado, nos pone cara a cara con la fragilidad de nuestra existencia: una enfermedad inesperada, un accidente, la muerte de alguien cercano; nos dicen claro y fuerte “la muerte llegará y tal vez sea pronto”.
Pablo encarcelado en una mazmorra romana sabe que la muerte ya no es cosa de un futuro lejano y habla de ella como de un evento deseable, no porque quisiera escapar de los sufrimientos que vivía… sino por la maravillosa oportunidad que le representaba ¿Por qué?… muy sencillo, él sabía qué había más allá de la muerte. Sabía que había un lugar preparado para todo aquel que no conoció a Dios durante su vida terrenal y no obedeció al evangelio (2ª Tesalonicenses 1:7-9) y otro lugar para aquellos que le entregamos nuestra vida al Señor (Lucas 12:32-34). Pablo sabía que vería a su Salvador en el cielo y ese pensamiento le llenaba de gozo.
Para los cristianos el pensamiento de la muerte, debiera ser motivo de tener siempre en orden nuestra vida. Saber que podría irme hoy a la cama y despertar mañana en el cielo, me recuerda que hablaré con Dios sobre mí andar terrenal, me recuerda que habrá un tribunal “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2ª Corintios 5:10). También me recuerda que tome el consejo de su Palabra para mi andar diario: “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables” (2ª Corintios 5:9). -GCZ
“Nunca empiezo mi trabajo por la mañana sin pensar que quizás Él lo interrumpa durante ese día para empezar el suyo. No espero la muerte. Le espero a Él”. -Campbell Morgan

Un matrimonio con propósito

“Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” Efesios 5:32
Lectura: Efesios 5:22-33
¿Cuál es el gran propósito del matrimonio? Muchos se casan para encontrar la felicidad, otros para tener compañerismo, algunos para tener hijos, y otros para divertirse. Los que se casan para resolver todos sus problemas terminan desilusionados. Sin embargo, cuando una pareja acepta el propósito sublime de Dios para su matrimonio, Él les ayuda a cumplir sus papeles como la Biblia ordena. Nuestra lectura revela este propósito divino el cual sobrepasa a cualquier otro: ejemplificar a Cristo y a Su Iglesia en palabra, acción, y pensamiento. Cuando el esposo ama como Cristo nos ama y la esposa se sujeta a su marido como al Señor, se forma una relación pura y hermosa que da testimonio al mundo. Al desear glorificar a Cristo en su matrimonio, la esposa piadosa busca el bien del esposo, habla con sabiduría, es confiable, y trabaja diligentemente (Proverbios 31:11-13, 17, 26). Ella procura respetar a su esposo y sujetarse a su liderazgo como su cabeza. Su confianza no está puesta en la capacidad ni la inteligencia de su marido, sino en Dios. Se enfoca más en la actitud de su propio corazón que en su apariencia física, procurando manifestar un espíritu humilde y sereno (1ª de Pedro 3: 3-5). El esposo piadoso vive sabiamente con su mujer, la trata con cuidado, como un vaso frágil, es compasivo y misericordioso, y no devuelve mal por mal—sino con bendición (1ª de Pedro 3:7-9). Él reconoce su gran responsabilidad espiritual, y no toma con ligereza el mandato para amar a su esposa como Cristo al entregar su propia vida por Su Iglesia. Hace todo lo posible para ayudarla a crecer en santidad. La cuida y la sustenta como a sí mismo porque así hace Cristo con todos los que le conocen como su Salvador (Efesios 5:25, 27-29). Los dos están unidos como una sola carne, con la misma mente y corazón. Sólo Cristo puede hacer de dos pecadores una hermosa pareja que brinda al mundo un testimonio radiante de Cristo y Su Iglesia. -SRdeM
“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” Filipenses 2:13

Un matrimonio maravilloso

“Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” Colosenses 3:18
Lectura: Efesios 5:22-33
¿Qué joven soltera no sueña con un futuro compañero amoroso para toda la vida? ¿Qué esposo no desea una ayuda que siempre lo anime y apoye en su papel como líder de la casa? Si quieren casarse, ¿por qué hay tantas parejas separadas, sea física o emocionalmente? Creo que la respuesta es sencilla, aunque la solución no es tan fácil. Dios da instrucciones a los esposos y a las esposas para que el matrimonio tenga éxito. Sin embargo, parece que hay pocas parejas que quieren seguir el camino del Señor. En nuestra lectura, Dios habla primero a las esposas: “las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efesios 5:22). ¿Qué es lo que se espera de una mujer que quiere agradar a Dios en su matrimonio? No es un tema popular, pero Dios manda que la esposa se sujete, obedezca, y respete a su marido—siempre, en todo, y como al Señor. Es necesario que haya sólo un líder—esto no significa que la mujer es menos—y Dios ha escogido que el hombre sea la cabeza del hogar. Ser “el jefe” no es igual a maltratar ni menospreciar a la esposa. Dios sigue con un mandato tremendo para el marido: “amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). El Señor ordena que el esposo ame, sustente, cuide, y se entregue a su esposa como Cristo nos amó y dio su propia vida por nosotros. ¡Y las esposas se quejan que es demasiado difícil someterse! La responsabilidad del esposo es imposible para él sólo, sin la gracia y el poder de Cristo, para amar como Jesús ama. No es una tarea fácil para el uno ni el otro, y requiere mucha oración de parte de ambos. Sin embargo, la bendición de Dios para los que le obedecen vale la pena. La desobediencia trae tristeza, enojo, argumentos, amargura…hogares rotos. La obediencia nos lleva al gozo, la paz, un buen testimonio, la fidelidad…hogares unidos. ¿Deseas seguir a Dios y disfrutar de un matrimonio maravilloso? –SRdeM
“Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” Colosenses 3:19