“Falta que algunos entren”

“Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia” Hebreos 4: 6
Hebreos 4
La vida de reposo en la fe no es algo que podamos decir “ya lo tengo y no lo perderé”; sino algo que debemos vivir momento a momento. Solamente la madurez en la vida cristiana nos puede sostener en el reposo (Hechos 5:14). La ventaja de un cristiano maduro es que sabe, por la experiencia, cómo confiar y sabe discernir rápidamente cuando ha dejado de hacerlo; así que confesando su falta es rápidamente restituido a la vida de reposo, lo cual le permite vivir siempre este tipo de vida que nos hace útiles para Dios. Hoy hay demasiada gente en el Calvario, sólo con una experiencia con Cristo; si eres de los que todavía están allí, y quieres experimentar este reposo, inicia apropiándote de cada promesa de la Palabra de Dios. En Hebreos 4: 5-6, nos llama la atención la frase “falta que algunos entren”. ¿No serás tú de los que faltan? si es así recuerda que no has entrado a causa de la desobediencia. “Otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (v.7-9). Para poder ser justificados por Dios, fue necesario que dejásemos de obrar, es decir, que dejáramos de querer salvarnos por nuestro propio esfuerzo (Romanos 4:5). Para entrar al reposo se aplica la misma verdad, el que ha entrado al reposo ha reposado de sus obras (v.10). Fe y no obras es el secreto de los grandes hombres de Dios. En el verso 11 de nuestro pasaje la palabra más adecuada en vez de “procuremos” es “seamos diligentes”; este versículo insiste en que debemos buscar con diligencia (no dejarlo para después) el entrar al reposo de Dios. Necesitamos además de conocer la Palabra de Dios apropiarnos de las promesas. Las promesas de Dios solamente serán útiles y cumplirán su cometido, si las mezclamos con fe. –Desde la Edición
No habrá verdadero reposo sin conocer la Biblia, ella debe ser el objeto de nuestra fe.

Una vida de reposo

“Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día” Hebreos 4:4
Hebreos 4
Por medio de una vida de reposo viene toda experiencia real del creyente: poder, habilidad, testimonio, etcétera. No es posible alcanzar las almas para Cristo (ni una sola) sin este reposo. Sólo hay dos clases de vida que el cristiano puede vivir: (1) La vida en el valle: esto es el reposo en las promesas de Dios por la fe. (2) La vida en el desierto seco y caliente: esto es no creer a la Palabra de Dios y vivir llenos de miseria y pánico hasta la muerte. Hebreos 4:4, hace referencia a Génesis 22 donde se nos dice que Dios descansó el séptimo día. “Descansó” en estos pasajes no tiene relación con cansancio, sino con dejar de trabajar. Al decir “Dios descansó” quiere decir que dejó de trabajar, ¿por qué? porque no había más que hacer. Dios había creado ya todo lo necesario para que el hombre viviera. El séptimo día es un tipo de reposo perenne. Dios ordenó a Israel guardar el sábado, como un memorial de que Él hizo todas las cosas y luego reposó. El reposo para el creyente inicia cuando recibimos a Cristo, es decir cuando Dios nos vuelve a crear espiritualmente. Como cuando Dios creó al hombre, lo hizo en el sexto día, cuando ya todo estaba hecho, el hombre no tuvo que hacer nada, solo entrar al reposo y disfrutar la creación. Dios nos ha provisto en Cristo de todas las cosas tanto materiales como espirituales y cuando le recibimos a Él en nuestro corazón entramos al reposo, a disfrutar del trabajo perfecto, hecho por Cristo en la cruz (Hechos 10:14). El reposo se pierde por incredulidad. La incredulidad nos lleva al desierto y nos aleja del valle. Cuando creemos en Cristo entramos en el reposo, pero lo perdemos por incredulidad y nos lanzamos dando tumbos por la vida cristiana unas veces confiando en Dios y otras veces siendo incrédulos. –Desde la Edición
“Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” Hebreos 4:10

Entrar en el reposo

“Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado” Hebreos 4:1
Hebreos 4
Cuando ponemos en Dios toda nuestra confianza estamos seguros de que aunque estemos rodeados de problemas, Él se acuerda que necesitamos nuestro reposo, momento a momento y Él nos lo ha dado en base a sus promesas. Vivir en este reposo es la única forma de ser efectivos para Dios y de vivir una vida de influencia positiva sobre los demás y una vida de poder. Cada cristiano “fue al calvario” (en su salvación) por medio de una confianza completa en el sacrificio de Cristo, alcanzó una victoria completa sobre el problema de la condenación eterna; pero Satanás nos ataca por medio no sólo de la tentación, sino también por medio de los problemas para impedirnos ir más adelante (Mateo13:20-21). Satanás aprovecha que somos vulnerables, pues todavía tenemos una naturaleza pecaminosa, actividades humanas y sentimientos que a veces nos hacen estar deprimidos. Es necesario pues, que vayas del calvario a una vida más profunda por medio de confiar en las promesas de Dios (Hebreos 4:1-2). Aquí tenemos un aviso para no fracasar en alcanzar el blanco el cual es: el reposo en la fe y una exhortación para que temamos no entrar en ese reposo. En la Biblia normalmente se nos exhorta a no temer (1ª de Timoteo 1:7), pero aquí es una excepción y se nos invita a considerar el fracaso del pueblo de Israel de no entrar en el reposo, para que tengamos temor y no nos pase lo mismo. Este reposo es para este tiempo y no podremos tener paz completa y bendición (los cuales son parte de nuestra herencia) sin vivir en este reposo continuamente. La promesa del reposo es para los que viven la Palabra de Dios tratando no sólo con la paz que tendrán en la eternidad, sino con la paz que podemos tener aquí en la tierra. –Desde la Edición
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” Juan 14:27

“Estad quietos”

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra” Salmos 46:10
Hebreos 4
Hay un lugar de paz perfecta en medio de los problemas y hacia allá debemos movernos, este lugar es nuestro sábado diario. La paz perfecta que Dios da en medio de los problemas es semejante al ojo de un huracán; en este lugar un ave o una avioneta pueden volar en perfecta calma. Cuando lleguemos al lugar de la prueba podemos hacer dos cosas: (a) confiar en las promesas de Dios y así tener paz perfecta; o (b) tener pánico y una vida miserable. Lo más terrible de hacer esto es que siempre hay personas observando y así nuestro testimonio es terriblemente dañado y el nombre del Señor es blasfemado (Hebreos 12:1-2; Romanos 2:24). Nosotros los creyentes tenemos una gran oportunidad en las dificultades, pues entre más obscuro esté el panorama, entre más adversa la situación, entre más difícil el problema, si nosotros confiamos en Dios, Cristo será más glorificado y tendremos mayor bendición. El cristiano desea agradar al Señor y por causa de esto limita su participación en las cosas de este mundo; tiene el privilegio de participar en el servicio a Dios y puede ser mayormente utilizado cuando las presiones en su contra sean más grandes y él viva reposando en la fe. El problema consiste en que no queremos entrar en este tipo de vida porque no nos parece atractivo y muchas veces no nos parece lógico. Mientras Dios dice “estad quietos y conoced que yo soy Dios”, nosotros decimos “creo que no es la hora de la quietud, si no del movimiento”. A veces somos alentados a pensar así por los resultados que obtienen los incrédulos en una situación semejante, actuando inmediatamente, siendo sagaces, intrépidos, etc.; pero, envidiar a los incrédulos es uno de los primeros pasos en el camino de la derrota espiritual (Job 21:7-20). Así mientras el mundo nos incita a obrar apresuradamente, Dios dice “espera” y nosotros debemos oír la voz de Dios por encima de cualquier otra voz (1° Reyes 13). –Desde la Edición
“Ahora, pues, hijos, oídme, y bienaventurados los que guardan mis caminos” Proverbios 8:32

El horno de las dificultades

“En lo cual (en Cristo) vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas” 1ª de Pedro 1:6
Hebreos 3
El Señor quiere que estemos quietos y que veamos su salvación en medio de los problemas (Éxodo 14:13-14; Isaías 40: 29-31). Pero esperar nos causa un gran trabajo. Nuestra humanidad desea tomar acciones y “arreglar” lo que anda mal; en nuestra desesperación actuamos fuera de la voluntad de Dios. Debemos recordar que es necesario esperar para que nuestra fuerza sea reemplazada por la fuerza de Dios. Hay ocasiones en que nuestra misma condición espiritual no nos permite ver nuestra incredulidad y el hecho de que estamos actuando en nuestras propias fuerzas. Una amorosa exhortación de un hermano, puede ayudarnos a ver nuestra falla y alentarnos a confiar en el Señor. Y viceversa, si nosotros vemos al hermano que no está reposando en el Señor y no lo exhortamos, lo ponemos en peligro de hacer de la incredulidad un hábito y así endurecer su corazón. Debemos comprender que Cristo participa con nosotros de todas las cosas de la vida y nosotros participamos de su presencia; y asimismo confiar en Él como confiamos en el principio cuando fuimos salvos, es decir: completamente. Podríamos definir la confianza como la mezcla de las promesas de Dios con la fe y esto debemos hacer hasta el fin de cada dificultad. Es terrible cuando Dios nos pone en el horno de fuego, podríamos llamar a este horno “el horno de las dificultades” y cuando estamos ahí, Dios no quiere que clamemos “oh Dios sácame de aquí”, sino que tengamos la confianza suficiente para saber que Dios nos preservará y estará con nosotros en medio del fuego de la dificultad. Como los amigos de Daniel los cuales no fueron sacados del horno de fuego, sino preservados del poder del fuego y la presencia de Cristo fue con ellos (Daniel 3:23 al 25). Cuando vivimos una vida de reposo en la fe podemos pasearnos en medio del fuego de los problemas sin quemarnos, y los resultados de esta vida de fe son de alabanza, gloria y honra para el Señor. –Desde la Edición
“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” 1ª de Pedro 1:7