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“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Juan 14:27
Juan 14: 15-31; Isaías 26
Jesús sabía que el temor llenaría el corazón de sus discípulos cuando no estuviera más con ellos, pues Él había sido su maestro y guía por tres años; su partida y muerte estaban por suceder. Les habló al corazón, diciendo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Esta paz como Jesús lo dice, no es una paz entre naciones, sociedades o personas: es una paz para con Dios, realizada por los méritos del Señor Jesús. (Romanos 5:1) Después de esta fabulosa promesa, Jesús da tres promesas más acerca de su paz: 1) “Otro Consolador” (vrs. 16) 2) “Voy, y vengo a vosotros” (vrs. 20) 3) “El que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. (vrs. 21) La primera promesa, se refiere al Espíritu Santo, quien consuela, (vrs.16) mora en sus discípulos, (vrs.17) enseña y recuerda su Palabra. (vrs.26) La segunda promesa, tiene que ver con la primera, no sólo el Espíritu Santo viene a morar en la vida del creyente, aún más, vienen también Jesús y el Padre Celestial a hacer del nuevo creyente un templo santo para el Dios trino. La tercera promesa relacionada con la paz de Dios, es que Él nos hace “recipientes” del amor del Padre y de su amor y promete manifestarse a nosotros… Si le amamos, sólo si le amamos, podremos darnos cuenta de este amor gratuito y disfrutar de la paz que sobrepasa todo entendimiento. (Filipenses 4:7) ¿Cómo sabemos que en realidad amamos a Dios?… Le invito a leer nuestros pasajes de lectura del día de hoy, especialmente los versículos 21 y 23; deje que sea Dios quien le hable… y quién sabe, pudiera ser que hoy, por primera vez, tuviera usted la paz que sólo Dios puede dar.
-JCSG
“Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén”. Romanos 15:33
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:6
Juan 14:1 -14; Isaías 42: 1-9
Jesús confortó el corazón turbado de sus discípulos al prometerles ir a preparar un hogar para ellos en el cielo. Justo después, Tomás, evidenciando que no entendía lo que estaba ocurriendo, le dice al Señor: “No sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”. Estimado lector, la respuesta del Señor Jesús es la afirmación más grande de toda la historia, pues tiene implicaciones eternas en su alma y en la mía: “YO SOY el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí”. Esta afirmación consta de dos partes: La manera en que Jesús se define a sí mismo y su obra. Él se autodefine como: “YO SOY”, nombre con el que Dios se le había presentado a Moisés en Éxodo 3:14: “Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”. ¡Jesús es Dios! Jesús es el camino al Padre; la verdad absoluta del universo; la vida que toda alma humana anhela –consciente o inconscientemente – ¡Jesús dice de sí mismo que Él es el único camino, la única verdad y la única vida!… Su obra: llevarnos al Padre. Como prueba de que Él es Dios, afirma: “Si me conociereis, también al Padre conoceríais, y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. Felipe, discípulo de Jesús, le pide “muéstranos al Padre, y nos basta”. La divina respuesta: el testimonio de su presencia y sus palabras, pero si eso no fuere suficiente, concluye: “Creedme por las mismas obras”. Resucitó a los muertos, volvió la vista a los ciegos, curó a endemoniados, caminó sobre el mar, alimentó a cinco mil hombres con cinco panes y dos pescados, el viento y el mar le obedecían, ¡cuántos milagros más Jesús realizó! Amigo, crea las palabras de Jesús, ¡de ellas depende su destino eterno! Él ha cambiado mi vida y también quiere cambiar la suya. Le invito a que lea la parte central de esta revista.
-JCSG
“Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais…”. –Jesús en Juan 14:7a
“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”. Salmos 103:2
Lectura: Salmo 103
“¡Bendito sea Dios que ha escuchado nuestras oraciones!” fueron las palabras de testimonio de una creyente cuya madre siempre se consideró buena, por lo cual no creía necesario entregarse al Señor. Ella, recientemente, en su lecho de enfermedad, ha acudido a Dios para perdón y salvación. Su hija repetía “Bendito mi Dios” varias veces. Bendecir a Dios es una expresión de alabanza que brota de un corazón agradecido. Los creyentes de todos los tiempos han bendecido al Señor, porque hay innumerables razones para hacerlo. Lo bendecimos por lo que Él es, un Dios santo, justo, amoroso… y por todo lo que hace en bien nuestro. Él perdona nuestros pecados, libra nuestra alma de muerte, nos fortalece en medio de las pruebas, sana nuestras enfermedades y nos llena de misericordias. ¿No es sorprendente que viendo la bondad de nuestro Dios, brote en nosotros un espíritu de queja? Nos quejamos porque no nos da lo que erróneamente pensamos que merecemos, ya sea amistades, posesiones materiales, un lugar de honor, etc. ¿Por qué lo hacemos? Por orgullo, por ingratitud, porque desconocemos su Palabra, porque no confiamos verdaderamente en Él, sabiendo que todo lo que permite a nuestra vida es con propósitos de bien como Él nos lo ha dicho. Cuán equivocada es la letra de la canción que dice: “algo bueno debí de haber hecho en mi infancia o juventud para recibir esto”. Dios nos ayude a reconocer que lo bueno que tenemos es porque Él nos lo da y que como respuesta debemos tener un corazón agradecido para bendecirle sin olvidar ninguno de sus beneficios.
-LRL
“Te exaltaré, mi Dios… cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre”. -Salmos 145:1a,2
“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:35
Salmos 61-63; Juan 6
Comida, seguridad, descanso, son ejemplos de cosas que nos proporcionan satisfacción. Pero esta satisfacción que recibimos, ¿cuánto tiempo dura? ¡Sólo hasta la siguiente vez que cualquiera de estas cosas te falta! Todos los placeres y deleites de este mundo son temporales. La única cosa que en verdad dura para siempre solamente podemos encontrarla en Cristo y esto es la vida eterna, Él es el pan de vida y la fuente de paz y satisfacción verdadera. Isaías 55:2 contiene un anuncio urgente: “A todos los sedientos: venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura”. Todas las cosas materiales que tenemos en este mundo van a desaparecer; nuestra alma inmortal, una vez depositada en las manos de Dios, ¡dura para siempre! Imagine, amigo lector, a un niño en la playa que tiene mucha sed, después de haber jugado con las olas, finalmente decide ir a tomar un poco de sus aguas… Tendrá un minuto de satisfacción, pero después va a tener más sed que antes; el agua salada, le provoca más sed. Del mismo modo ocurre cuando buscamos satisfacción en este mundo —en las personas, circunstancias, o cosas—terminamos decepcionados. Como el pan cuando tienes hambre o el agua cuando tienes sed, así es Cristo al alma que le busca.
-SRA (Stephanie Rose Acree)
“Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta”. -Salmos 107:8-9
“A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso”. 1ª de Pedro 1:8
1ª de Pedro 1
Esta serie de devocionales, constituyen mis notas del libro “Un Dios que se esconde a Sí mismo”, escrito por Watchman Nee. Lo más importante no es probar que Dios se encubre a Sí mismo, el verdadero punto es: asegurarle que cuando no vemos a Dios, Él está a nuestro lado, trabajando en silencio, en nosotros y a través de nosotros. Veamos el ejemplo narrado en Juan 20:14-18, Jesús había resucitado y estando frente a María, ella parecía no reconocerle; es cuando Jesús la llama, que ella descubre de quién se trataba… y entonces Él decide irse. En Lucas 24:13-32 se nos narra el encuentro de Jesús con dos de los discípulos en el camino a Emaús; aunque pasaron la tarde juntos, es hasta que “les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron” que “él se desapareció de su vista”. ¿Lo ve? cuando ellos pensaron que caminaban solos, Él iba a su lado, una vez que se dan cuenta, ya no se hace necesario que lo vean físicamente. Él está trabajando silenciosamente en usted, creando muchas situaciones y mostrándole Su dirección, aun cuando usted cree que las cosas pasan de manera “accidental”. Amigo lector creyente, que no le pase como a Tomás, (Juan 20:25-29) que no le diga el Señor, “porque me has visto, creíste”, espero que estas palabras le ayuden a darse cuenta de que cuando tenemos más impotencia e inseguridad, Dios está más poderosamente presente. No busque cosas extraordinarias, no busque fuera de la voluntad de Dios, más cosas de las que Él le ha dado en este momento y lo más importante de todo, no espere que “algo” una “señal” venga de afuera, porque Dios está trabajando internamente en lo más profundo de su corazón con un “silbo apacible y delicado”.
-GMT (Gian)
“No es más espiritual orar más, sino oír más a Dios”. -Anónimo
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