La obediencia

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” Filipenses 2:8

Lectura: Filipenses 2:5-9, Romanos 5:16-21

Obediencia viene de la palabra hebrea “shamá” y significa: oír inteligentemente con atención, oído, dócil y entendido y proceder en consecuencia. En el Nuevo Testamento, la palabra griega que se utiliza significa: escuchar con atención, acatamiento y sumisión. El Señor Jesús termina el Sermón del monte diciendo: “cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y no las hace…” (Mateo 7:26). También al término de una enseñanza, o de una parábola, decía: “Si alguno tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 4:23). Así podemos decir que el lugar de la obediencia en las Escrituras es sumamente importante; lo podemos ver en Génesis 2:16, en donde Dios mandó a Adán que no comiera del árbol del bien y del mal. Una única orden y Adán, junto con Eva, no la obedecieron y con esto determinaron su destino. Fíjese que desde el principio de los tiempos, Dios no pidió fe, o amor, o humildad, porque la obediencia en sí, engloba todo eso. Amigo lector, la desobediencia cerró el camino al árbol de la vida. La victoria de los santos al final y el paraíso recuperado es sólo posible por la victoria de Cristo en el calvario. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos (Romanos 5:19). El Señor Jesús “estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Por la desobediencia de Adán entró el pecado, la muerte y la condenación eterna, separándonos de Dios; por la obediencia de Cristo vino la liberación del poder del pecado y de la muerte, la justificación y vida eterna. De aquí el lugar tan importante que ocupa la obediencia en las Escrituras en la mente de Dios. Querido lector, medite sobre esto y considere ¿Qué lugar ocupa la obediencia en su corazón y en su diario vivir? –LHdeS

¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” Romanos 6:16

El nombre correcto es…

Envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de

Dios” Gálatas 5:21

Lectura: Gálatas 5:1-26

Como médico en mis años de entrenamiento en diversos hospitales y puestos de socorro pude ver de cerca las consecuencias de un gran número de conflictos familiares. En la sala de urgencias abundaban niños maltratados, esposas poli traumatizadas por un arranque de celos de su pareja, hombres jóvenes o mayores ensangrentados, a los cuales había que suturarles múltiples heridas o al borde de la muerte, por causa del alcoholismo.

En fin, la lista es larga y muy conocida por todos. Sin embargo algo que me llama la atención es que se refieran a estos incidentes como resultado de una “enfermedad”. Y así mencionan que estaba “enfermo o enferma de celos”, “enfermo de alcoholismo”, “enfermo de amargura”, etc.

Como cristiana, he aprendido que Dios no les llama enfermedades, sino pecados y por lo tanto quien se niega a reconocerlos, confesarlos e ir a Cristo, no puede heredar el reino de Dios, como lo dice en el versículo 21 de la lectura de hoy.

Llamar a los pecados de otra manera –enfermedades– es una artimaña de Satanás, sus armas principales son así; verdades a medias y mentiras completas; él colabora en hacer que el mundo tenga conceptos diferentes a los de Dios, que no sientan culpa y no traten correctamente con éstos o cualquier otro pecado y sigan esclavos de ellos, llevándolos a su propia destrucción. Suena contradictorio, pero vivir así, es vivir muertos en delitos y pecados (Efesios 2:2). El único que le puede dar verdadera vida es Cristo; declárese ante Dios como lo que es: un pecador que necesita ser perdonado y decida buscar el tratamiento correcto en Cristo Jesús. –MCGdeG

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos… ” Isaías 1:18ª

Muertos a la ley

¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?” Romanos 7:1

Romanos 7

Imagina que un día abres tu correo electrónico y recibes una noticia que te deja aturdido. Un amigo te informa que la policía te está buscando, y que estás en la lista de los más buscados del país. Al principio crees que es broma, así que buscas la lista de los más buscados, y para tu horror, allí está tu fotografía. Aún peor, te das cuenta de que la policía ya lleva cinco días buscándote… ¡y ni siquiera lo sabías! Este ejemplo es ficticio, y quizá un poco exagerado. Pero escucha esto: sin Cristo todos estamos bajo condenación lo sepamos o no. Pablo nos enseña que la ley se enseñorea de las personas mientras que estén vivas (Romanos 7:1). La Ley de Dios nos juzga por nuestro pecado, nos maldice y nos condena. Sólo hay una forma de estar libres de la condenación de la Ley. La muerte de Cristo. Por eso dice Pablo que lo que nos libró de la Ley fue “el cuerpo de Cristo”—una referencia a su muerte corporal en la Cruz.

Algunos cristianos erróneamente creen que la libertad de la Ley es una libertad absoluta, pero más bien es una transferencia. Dios nos libra de la ley “para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos”. En lugar de estar bajo la condenación de la Ley, estamos ahora bajo el señorío de Cristo, en donde reina la gracia. Amigo lector cristiano, la gracia reina para darnos el poder de llevar “fruto para Dios”. En otras palabras, la libertad de la Ley te ha hecho libre para obedecer a Dios y llevar fruto—es decir, llevar una vida santa y recta ante Él. Como verás no hay excusas para no obedecer al Señor. –EEO

Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” Romanos 7:4

En Cristo

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” Romanos 8:1a

Lectura: Romanos 6

Una de las cosas que más me admiraban cuando escuchaba a las personas que me hablaban del evangelio, era que decían estar “en Cristo”; ¿Qué es eso de estar “en” Cristo? ¡Nunca había oído algo así! Investigando la preposición “en”, significa: posición fija en un lugar, tiempo o estado o propósito. Es decir que aplicado a la frase “en Cristo” es: estar establecido firme sobre la roca que es Cristo, estar descansando en Él, dentro de sus pactos y promesas. Todo esto tiene una gran profundidad que no se puede explicar en unos cuantos renglones, porque son cosas celestiales, que sólo el Espíritu Santo revela a cada uno en su misericordia y gracia. Yo no entendía mucho, pero lo que más necesitaba era la fe en todas estas cosas maravillosas que Dios tiene disponibles para todo aquel que cree. Pero también supe que si no estaba “en Cristo”, estaba en Adán, ¿Cómo? Para estar en Adán solo tenemos que haber nacido, y al morir iríamos irremisiblemente a condenación eterna; porque Adán desobedeció trayendo el poder del pecado sobre todos los nacidos después de él, y por consecuencia la muerte eterna y durante toda la vida terrenal sujetos al príncipe de este mundo que es Satanás. Pero hay buenas noticias, hay otra manera de salir de Adán, esto es estar en Cristo. Cristo vino a este mundo pero no con la naturaleza de Adán, Él vino con la naturaleza divina y encarnó y se hizo hombre y vivió para morir por nosotros en la Cruz del calvario; ahí obtuvo la victoria, pagando con su sangre por nuestros pecados, después fue sepultado y resucitó; abriéndonos así el camino a un nuevo reino de luz. Todos los que creemos en Dios, habiéndonos arrepentido de nuestros pecados, hemos sido trasladados del reino de las tinieblas, al reino del amado Hijo Jesús (Colosenses 1:12,13). Estar en Cristo, es morir al pecado y ya no más ser esclavos del pecado. Amado lector ¿Está usted en Cristo? Vea las páginas centrales para mayor información. –LHdeS

Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 6:23

Jesús es suficiente

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” Romanos 5:6

Romanos 5:1-10

Existen muchas personas que consideran que lo hecho por nuestro Señor Jesucristo en la cruz, para salvar a la humanidad, no fue lo debidamente suficiente, y creen que deben añadirle “algo más”. Pero dicho con todo respeto, me parece que pensando así, hacen mentiroso al propio Jesús, pues no toman en cuenta Sus dos últimas palabras que pronunció en la cruz. Antes de inclinar la cabeza y entregar el espíritu dijo: “Consumatum est” (Juan 19:30), locución latina que significa: “TODO se ha consumado”. Con ello, le estaba diciendo a Su Padre Dios: “fui totalmente obediente, porque TODO lo que me encargaste que hiciese, ya fue hecho (Juan 17:4), cumplí plenamente el cometido para el que fui enviado; no queda nada pendiente por hacer”. Con todo ello, repito ¿Por qué tales personas están frecuentemente tratando de hacer parecer que la obra de nuestro Señor Jesucristo fue incompleta y consideran en forma insensata, que hay que añadirle “algo más”?- Para el rescate por nuestros pecados, el Señor Jesucristo fue el inocente cordero sacrificado, siendo Él a la vez, oferente y ofrenda, y Dios Padre consideró suficiente la sangre y la vida de Su Hijo unigénito como pago, por lo que dicha deuda quedó totalmente saldada. Estimado lector, ¿es usted de los que piensan que necesitan añadir algo a lo hecho por nuestro Señor? Ahora yo le pregunto ¿Para qué añadir algo más, si con el pago que Jesús hizo fue suficiente? Sólo Él es nuestro suficiente Salvador; Él es la plenitud, y no es necesario nada, ni nadie más. Crea solamente, pero no de una forma ciega, sino de una manera razonable, lea la Biblia como lo que es: la preciosa Palabra de Dios; si la lee y la cree no va a equivocarse. -RZA

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” Romanos 5:8