Obediencia en el servicio

“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” Salmos 40:8
Filipenses 2:1-11; Salmo 40
No se concibe un buen servidor que no obedezca. Obediencia es hacer la voluntad de aquel o de aquellos de quienes estamos bajo autoridad; personas qeu han sido puestos sobre nosotros, o que nosotros mismos voluntariamente, nos hemos puesto bajo autoridad para servirles; quienes nos establecen las reglas que hemos de seguir para el cumplimiento de nuestras responsabilidades, y en su caso también, para corregirnos y/o disciplinarnos de ser necesario. La obediencia a la autoridad de parte de Dios es una orden: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romanos 13:1). Sin embargo, la obediencia forzada, no es la que Dios quiere; sino la voluntaria, aquella obediencia nacida de un corazón lleno de amor (Salmos 40:8). Así como lo fue en Jesús, quien: “…estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz…” (Filipenses 2:8). Dice la Biblia que: “…de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¡Qué tremendo es el amor de Dios por nosotros! Dios quiere la obediencia por amor, no la obediencia obligada. Cuando no le estamos sirviendo, no le estamos obedeciendo, y cuando no le estamos obedeciendo, es porque no le estamos amando. Amado lector creyente, recordemos que: “Todas nuestras cosas deben ser hechas con amor” (1ª Corintios 16:14), pues “si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1ª Corintios 13:3). ¿Cómo andamos en nuestro amor y obediencia a Dios? –MZA
“No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios” Efesios 6:6

El ejemplo de Cristo (II)

Jesús “… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” Filipenses 2:7
Filipenses 2:1-11
La humildad de Cristo consiste en que siendo Dios, se hizo hombre, es decir: se rebajó dejando su posición de Dios, para habitar con el humano; también consiste en que siendo hombre, no tomó la posición de alguien importante y rico entre los demás, sino tomó la posición de un servidor, un pobre entre los pobres; además siendo un siervo, se humilló hasta el extremo de morir, y no con una muerte común, sino con muerte de cruz, que en ese tiempo, se daba a los peores criminales. Vemos, pues, en la palabra, que en el verdadero cristianismo la humildad es indispensable para poder llevar una vida de servicio exitosa. En apariencia pudiéramos estar manifestando humildad, cuando en realidad no la tenemos, por lo cual debemos revisar en cada cosa que hacemos cuáles son nuestras motivaciones. La humildad en nuestra vida debe ser una manifestación interior, producida por el anhelo profundo de agradar y servir a Dios, por lo que Él ha hecho por nosotros. Pablo el apóstol, les decía a los filipenses: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3), ya que se había enterado de que algunos de estos creyentes, predicaban de Cristo por contención, no sinceramente, sino sólo por el hecho de no ser menos que los demás. Considerar a los demás, como superiores a nosotros mismos, es actuar con humildad. El Señor Jesucristo, el Creador y Sustentador de todas las cosas, personifica la humildad, y nos invita diciendo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11:29-30). Preguntémonos, en cuanto a nuestro servicio a los demás, ¿Cómo ha sido? ¿Cuáles han sido nuestras motivaciones? Si estas no fueran correctas, debemos confesarlo al Señor, y corregir el rumbo. -MZA
“Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes ni a derecha ni izquierda; aparta tu pie del mal” Proverbios 4:26

El ejemplo de Cristo (I)

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse” Filipenses 2: 5-6
Filipenses 2:1-11
En este pasaje encontramos tres enseñanzas en el servicio de amor del Señor Jesucristo hacia nosotros, hoy veremos una: La humildad en su servicio. Definiendo lo que es humildad, debemos decir que: La humildad no es sinónimo de pobreza, como algunos interpretan. Como aquello que hemos escuchado alguna vez: “Es que esa persona, es de una condición muy humilde”, haciendo alusión a que es una persona pobre. Pues si bien hay pobres humildes, hay también pobres muy orgullosos. Tal vez ustedes hayan conocido a alguien así. El pueblo de que soy originario, era un lugar de mucha pobreza, pero a pesar de ello se usaba mucho una frase cuando había alguna contienda entre algunos, que decía: “El Hambre me tumba y el orgullo me levanta”, que deja en claro que la humildad no es atribuible a alguna clase social en particular. La humildad, dice el diccionario: “es una actitud nacida del corazón, donde la persona toma una posición ante los demás como si estos fueran superiores a él, aun y cuando esto no sea así, todo con el propósito de lograr el bienestar y la edificación del prójimo”, cumpliendo así, el segundo mandamiento en importancia: “…Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). El Señor Jesús hablando sobre el servir a los demás pregunta: “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa y siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no” (Lucas 17:7-9). La humildad es una actitud contraria a nuestra naturaleza, pues lo normal es que deseamos interiormente ser servidos, en lugar de servir a los demás. –MZA
“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” Santiago 4:6

Si haces misericordia

“El que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” Romanos 12:8
Romanos 12:1-9; Efesios 4:1-12
Si haces misericordia, será con gozo y alegría, porque sabes que aquel a quien amas, con tu ejemplo, podrá ver en ti la misericordia del Señor Jesucristo. “El que sigue la justicia y la misericordia hallará la vida, la justicia y la honra” (Proverbios 21:21). Cuán importantes son la misericordia y la justicia en el servicio cristiano. No considerarlas es una terrible falta. El señor Jesucristo recriminó a los encargados de enseñar la ley de faltar a su responsabilidad, por no incluir dentro de la enseñanza estos dos preceptos. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: La justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23:23). Santiago en su carta hace una declaración, que el sólo escucharla debería producir en nosotros temor y temblor: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 3:1). Cualquiera diría que este pasaje de la Escritura, en lugar de animar a aquellos que quieren servir en la enseñanza, más bien los desalentaría en su deseo de hacerlo. Sin embargo, Dios ha dado talento y don de enseñanza a los miembros del cuerpo de Cristo, y Él quiere que se ejerzan en beneficio de los demás. La enseñanza desde el punto de vista de la Biblia, no es la transmisión del conocimiento sólo, “Porque el conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1ª Corintios 8:1), sino de la propia vida y ejemplo de aquel que la imparte, considerando que la parte más importante de aquello que se enseña, debe ser siempre: La misericordia, la justicia y la fe. Nosotros como partícipes en esta importante labor ¿Cómo estamos enseñando? ¿Cómo estamos haciendo nuestro trabajo? ¿Tomamos en cuenta lo que dice el Señor Jesús respecto: A la misericordia, la justicia, y la fe? ¿O a veces somos ejemplos negativos de ello? –MZA
“Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal” Proverbios 16:6

Motivación del servicio

“De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” Romanos 12:6
Romanos 12:1-9; Efesios 4:1-12
Cuando fuimos creados por Dios, Él nos proveyó de talentos, y cuando recibimos por la fe a Jesucristo en nuestro corazón nos dio dones por el Espíritu Santo, “a fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12), que es su iglesia y de la cual somos parte integral. Los dones son los instrumentos que a cada uno Dios le dio en particular, para su servicio. Y es nuestra responsabilidad desarrollarlos para beneficio de los demás miembros del cuerpo de Cristo, no hacerlo, es un grave pecado. Es egoísmo. ¿Sabes tú, qué dones y qué talentos te fueron dados por Dios para servir? Si no lo sabes, urge que vayas a la Palabra de Dios y ores para conocer lo que se te ha dado, y lo pongas en práctica. Debemos tener presente, que un día, estaremos dando cuentas al Señor de los recursos que nos fueron dados; (como en la parábola de los talentos) y Dios espera que salgamos aprobados. La Biblia dice que tomemos la libertad que hemos recibido en Cristo para servir a los demás en amor, diciendo: “…Sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:13-14). El generador que nos debe mover a servir en Cristo, debe ser invariablemente el amor. No hay queja cuando se sirve por amor, porque: (A) Si predicas la Palabra (Don de Profecía actualmente) será porque deseas la salvación o la edificación de aquellos a quien amas. (B) Si sirves, será porque quieres el bienestar del aquel o aquellos que son objeto de tu amor. (C) Si enseñas, será porque deseas que aquellos a quien amas, aprendan lo que no saben; sobre todo, cuando se trata de enseñar la Palabra de Dios, independientemente de su edad, sean niños o adultos; capten la enseñanza rápidamente o no; sean atentos o inquietos, sin importar lo difícil que pueda ser la tarea. –MZA
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”1ª Corintios 15:58