Andando en luz (I)

“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” 1ª Juan 1:7
Efesios 5:1-20; 1ª de Juan 1:1-17
Debido a que “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él” (1ª de Juan 1:5), a todos aquellos que hemos sido redimidos por Él, se nos ha llamado “hijos de luz” (1ª Tesalonicenses 5:5), pues nos ha hecho nacer en su familia y nos ha dado el discernimiento para hacer diferencia entre lo bueno y lo malo; así como el poder para vivir una vida victoriosa. Luz y tinieblas son términos opuestos. Metafóricamente en la Biblia se usa para describir el bien y el mal. La luz ilumina, descubre, revela, resplandece; mientras que las tinieblas ocultan, disfrazan, encubren, oscurecen. Aunque al creyente se le ha llamado para andar continuamente en la luz, cuando éste no se mantiene en comunión estrecha con el Señor, es fácil que resbale y comience a caminar en tinieblas…entonces empezarán a aparecer las evidencias, ya que la antigua naturaleza se fortalece y toma el control, empezando por las motivaciones y llegando hasta los hechos. Por ejemplo, alguien habla mal de ti o de un ser querido, ¿Cómo reaccionas? Te sientes ofendido, repasas en tu mente los eventos, nacen los deseos de venganza, lo comentas con otros, guardas resentimiento en tu corazón, enfrentas al ofensor para “darle su merecido” o te apartas de él…, pero has perdido tu paz, porque andas en tinieblas. Si alguien te exhorta, te justificas diciendo “me ofendió, no lo puedo perdonar…” Pero tu paz no la pierdes por el pecado ajeno, sino por el propio. Esas reacciones de enojo, resentimiento y deseos de venganza también llevaron a Jesús a la cruz, y somos responsables y culpables de esos pecados. Hemos menospreciado su gracia para poder vencer en la tentación, y eso debería producirnos tal dolor que, humillados, buscáramos acudir a la cruz en busca de limpieza y guía para tratar el asunto adecuadamente. Él prometió: “el que me sigue no andará en tinieblas…” Seguir a Jesús implica morir a nuestro yo, y es el camino de la comunión para permanecer en la luz. –LRL
“El que dice que está en luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas” 1ªde Juan 2:9

Vida abundante

“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” Juan 10:10
Juan 10:1-30
Cuando Jesús dijo que vino a darnos vida abundante, se refería más bien a la vida que incluye todo tipo de beneficios espirituales. ésta tiene alcances inimaginables, en la tierra y en la eternidad. La vida abundante es vivir en la plenitud del Espíritu Santo, manifestando el fruto que proviene de Él. Cuando se vive esta clase de vida, el sacrificio de Cristo adquiere un valor inapreciable ante nuestros ojos y nuestro corazón rebosa de gratitud por el continuo perdón de nuestros pecados debido a su preciosa sangre derramada en la cruz. La vida abundante y victoriosa es aquella donde el amor por nuestros seres queridos y demás personas crece, pero no tiene comparación con el amor con que amamos a Cristo; por lo tanto, si se nos da a escoger, lo preferimos a Él. Leí el testimonio de un creyente encarcelado por su fe, cuando el comunismo estaba en su apogeo, después de torturarlo y no lograr que renegara de Cristo, empezaron a torturar a su hijo de 13 años, frente a él. Cuando este hombre no podía soportar tan amarga experiencia, el muchacho lo detuvo, le recordó a Jesucristo en la cruz y el privilegio de sufrir por Él… cuando recuerdo esto, me estremezco y me pregunto ¿Hasta dónde llega mi amor por el Señor? ¿Te lo has preguntado tú?… La vida abundante y victoriosa es la que conforme se acerca más a Jesús, aprende a amar lo que Dios ama y a odiar lo que Dios odia. Esta clase de vida es aquella que está dispuesta a sufrir el agravio con tal que los débiles no tropiecen, que la iglesia sea edificada y que los perdidos sean salvos. No llama la atención sobre sí misma; su objetivo es que vean al Señor y sus bondades. Esta vida se somete a Él con humildad y se fortalece en Él bajo cualquier circunstancia, deseando glorificarlo. Si hemos conocido a Jesús, esta vida abundante y victoriosa ha sido preparada para ti y para mí. ¿La estamos disfrutando? -LRL
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Juan 17:3

¿Satisfechos o sedientos?

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios…” Marcos 7:21
Gálatas 5:16-25, Marcos 7:14-23
¡Qué maravillosa es la vida abundante que Dios ha preparado para cada uno de sus hijos!, pero ¿por qué muchas veces no la estamos disfrutando? “Es porque Satanás no me suelta” dice alguien; “es porque el mundo me atrae mucho” dice otro. Verdaderamente el diablo y el mundo son enemigos del creyente, pero sus esfuerzos serían nulos si nuestra naturaleza de pecado no fuera su cómplice; es nuestro yo, quien sigue siendo nuestro mayor obstáculo; si somos honestos, hay mucho de nuestra antigua naturaleza dirigiendo nuestras vidas; notemos cuántas veces estamos ansiosos y preocupados, por no vivir reposando en la fe; cuántas veces es nuestra antigua naturaleza la que testifica, la que predica, la que ora y la que canta alabanzas; si nos ofendemos, es ella la que se ofende; cuando envidiamos, criticamos, cuando tenemos celos, temores, autocompasión, cuando reclamamos nuestros derechos, cuando mentimos o pensamos mal, cuando nos obstinamos en hacer nuestra voluntad, cuando nos justificamos y muchas cosas más, es nuestra naturaleza pecaminosa la que nos está gobernando. Dios sabe quién habla verdad en su corazón, quién no calumnia con su lengua, Él ve cuando una mujer tropieza a un hombre con una mirada coqueta o con ropa indecorosa y cuando un hombre desea la mujer de su prójimo. Él sabe cuándo tenemos un corazón dividido y cuándo buscamos aparentar, porque a Él no lo podemos engañar… En estas condiciones, ¿podremos ser útiles para el Señor? ¿Podremos gozar de la vida plena y victoriosa que Él nos brinda? Es necesario oír la voz de Dios y considerar el estado de nuestro corazón ¿Estamos satisfechos con nuestra vida o tenemos sed de la vida abundante que Él nos ofrece? Hay esperanza para el sediento. LRL
“A todos los sedientos: Venid a las aguas…Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma…” Isaías 55:1a, 3a,b

Quebrantamiento

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” Salmos 51:17
Salmo 51
Buscando significados de la palabra quebrantamiento, encontré en el diccionario bíblico: “Suntribo”, que es frotar juntamente y desmenuzar, quebrar, hacer añicos, metafóricamente de la condición del corazón contrito de una persona.- “Suntrimma”, rotura en trozos, ruina, destruir, golpear, desgastar; de ahí el término castellano tribulación. ¡Qué descriptivo y doloroso parece a nuestra vista ser quebrantados! Quisiéramos encontrar un camino más fácil para disfrutar de todo lo que Dios tiene para nosotros… pero no lo hay. Mientras luchamos y nos resistimos a sufrir, siendo quebrantados; descubrimos que nuestra alma se seca, permanecemos llenos de nosotros mismos y vacíos de Dios. Pero llegará un día, un anhelado día, cuando estemos en Su presencia, entonces, cesará la lucha contra esta naturaleza de pecado. Entre tanto, ella es nuestro peor enemigo y debe morir ¿Por qué debemos ser quebrantados y morir a ella? (1) Sencillamente porque es una orden de Dios, Él nos ha dicho “Haced morir lo terrenal en vosotros…” (Colosenses 3:5,6 y Lucas 9:23-25). (2) Porque es la forma de llevarnos a crecer “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, siendo más semejantes a Él (Efesios 4:13c). (3) Porque no hay ofrenda, buena obra o sacrificio que Él acepte sino es mediante un “espíritu quebrantado y un corazón humillado” (Salmos 51:17). (4) Porque es la única forma de disfrutar la vida abundante, y victoriosa que Él desea darnos “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b). Así como Cristo murió para darnos vida eterna, y ésta sólo se obtiene con arrepentimiento y fe, en forma gratuita; Él nos enseña que para disfrutar aquí de todos los beneficios de esta vida, es necesario el quebrantamiento, la muerte a nuestro yo. ¿Estamos dispuestos a morir a lo que nos estorba, para obtener lo que tanto necesitamos? -LRL
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” Salmos 51:10

No tiene remedio

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros… cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” Colosenses 3:5a- 6
Romanos 7
Cuando Adán y Eva fueron creados, vivieron la vida más feliz que ser humano puede imaginar, gozaban de comunión perfecta con Él y entre ellos; todo era armonía, gozo y amor, pues no conocían el mal; pero cuando ellos pecaron, murieron inmediatamente a la comunión con Dios; más tarde también murieron físicamente. Desde entonces, todo ser humano que llega a este mundo, viene con una tendencia de continuo al mal, con un corazón de pecado. La Palabra nos dice: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte; así pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). A este corazón de pecado la Biblia lo llama “la carne”, “el viejo hombre”, “antigua naturaleza” o el “yo”. Esta naturaleza pecadora está adherida a nosotros desde que nacemos; no ama a Dios, ni desea obedecerlo; al contrario, se opone enérgicamente a Él, muchas veces se comporta sofisticada, religiosa y educada; otras, burda, entenebrecida y cruel. El apóstol Pablo dijo al respecto: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” (Romanos 7:18). Así pues, todo lo que proviene de nuestro yo, es contrario al Señor y a su santidad y nunca mejorará porque no tiene remedio. Hace años un consagrado creyente me dijo: “tengo 40 años de convertido, y mi antigua naturaleza no ha cambiado”. Esto es verdad, nuestra naturaleza nunca se reformará, Dios tiene guerra continua contra ella y la ha sentenciado a muerte, ella debe morir… Pablo, describiendo su lucha contra su naturaleza de pecado, escribió: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). Verdaderamente vivimos con un enemigo dentro de nosotros. Le invito a las páginas centrales de esta revista donde encontrará ayuda. LRL
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” Romanos 5:19