La seguridad de su Nombre

“Entonces el jefe del Estado Mayor del rey asirio les dijo que le transmitieran a Ezequías el siguiente mensaje: El gran rey de Asiria dice: ¿En qué confías que te da tanta seguridad?” Isaías 36:4 (NTV)
Lectura: Éxodo 3
Trato de imaginarme a Moisés en esta escena, sin duda el trabajo que Dios tenía para él no era nada sencillo y Moisés, como todos en algún momento, empezó a buscar excusas para evadir esa responsabilidad. De lo más maravilloso que puedo ver en este pasaje es cómo Dios contestó a todas esas excusas (v.14) y fue con su Nombre. Dar tu nombre te hace responsable y el peso de las cosas recae sobre ti. Cuando doy mi nombre y estoy segura de lo que digo y hago, lo digo con toda certeza, pero cuando se trata de algo en lo que yo no les puedo asegurar nada, mi tono de voz se vuelve minúsculo y casi un susurro. En la Biblia me he topado con muchos de los Nombres de Dios, por ej.: Proveedor, Hacedor, Juez Justo, Salvador, Jesucristo, Jehová, Sanador, Esposo, Cristo, Redentor, Príncipe de Paz, etc. Me di cuenta de que a Dios no le da miedo dar su Nombre, si no, no nos daría tantas opciones para poder contactarlo; además de que podemos estar en su presencia con una sola oración. Dios me dio a entender que a Él no le da miedo afirmar quién es, qué hace, qué hará, y cómo lo hará. En la Biblia podrás ver afirmaciones como la de este pasaje. Dios quería dejarle en claro tanto a Moisés como al pueblo de Israel quién era el que haría todo el trabajo y era Él mismo, así que no había nada por lo cual preocuparse. Esas afirmaciones me dejan claro la autoridad que Dios tiene, el trabajo tan excelente y perfecto que Él hace. Dios nos da su Nombre, su Palabra, su amor como garantía de que Él cumple, no falla, no miente. Su nombre me da seguridad, su Palabra es verdad. Al ver este ejemplo recuerdo a quién tengo por Dios, en quién confío y en quién espera mi alma. ¿Y tú, qué esperas para descansar en su Nombre? –E​MVG
“Porque el Señor es tu seguridad. Él cuidará que tu pie no caiga en una trampa” Proverbios 3:26 (NTV)

Con los ojos en Cristo

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” Hebreos 12:2

Hebreos 12

De chico me encantaba competir en carreras de cien metros planos. En mi escuela había una competencia anual, y mi meta era siempre el primer lugar. Tomaba la carrera bastante en serio. Unos días antes, papá y yo salíamos a algún parque a practicar la carrera. Inclusive algunas veces papá trajo a alguien para que me diera recomendaciones de cómo correr mejor. Cuando llegaba el día, papá me decía: “Voy a estar al final, en la meta. Hagas lo que hagas, no mires a los lados o atrás. Sólo mírame a mí”. Las carreras se ganan o pierden por segundos, así que mirar atrás es uno de los peores errores que un competidor puede hacer. Cuando sonaba el silbatazo, el sonido de las porras y los gritos desaparecían, y lo único que veía era a papá en la meta, agitando las manos animándome a correr más fuerte.

En la carrera de la vida, uno no puede mirar atrás. Cristo dijo, “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62). Es verdad que hay dificultades en la carrera de la vida, pero la clave es esta: fijar los ojos en Cristo. En Él encontramos la fuerza para seguir avanzando. En su gracia encontramos las ganas para dar un paso más. En su victoria encontramos la nuestra, y en su muerte nuestra vida. ¡Mire a Cristo! El mundo le insta a mirar atrás, para que se desanime con los que han fracasado. O mirar a un lado, para distraerlo con lo que otros piensan o dicen. Pero Cristo está al final de la meta, animándole a seguir. –EEO

El que mira atrás pierde. Ponga sus ojos en Jesús.

 

Buenas obras

“Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en

Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres”  Tito 3:8

Lectura: Tito 1, 2 y 3

Si leímos cuidadosamente esta corta carta, nos habremos dado cuenta que  había muchas cosas qué aprender, y sobre todo qué poner en práctica por parte de los nuevos discípulos sobre la doctrina de Cristo. Así que todas estas enseñanzas son también para nosotros, pues como dice en Romanos 15:4 que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron…”. Una de las enseñanzas que llamó mi atención de esta carta, es las ocasiones en que se hace un llamado a las buenas obras. “Dios ha formado un pueblo para sí, celoso de buenas obras” (Tito 2:14), los que decimos creer en Dios y  creerle a Él, debemos de ocuparnos de buenas obras (Tito 3:8). El hombre por naturaleza es egoísta, siempre busca primero su bienestar antes que el de sus hijos y cónyuge o de sus padres y hermanos.  Pero a los que han nacido de nuevo, las cosas viejas pasaron y he aquí todas son hechas nuevas. Dios nos enseña a que “siempre que tengamos oportunidad, hagamos bien a todos y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10); sin embargo, Tito deja bien en claro que las buenas obras no son para salvarnos, sino como una respuesta natural al ser limpiados, purificados por la sangre de Cristo, cuando aceptamos este regalo o gracia de Dios; son una manifestación visible de nuestro nuevo nacimiento por la fe a la Palabra de Dios. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para Salvación a todos los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que  nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia… quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras  (Tito 2:11, 3:5, 2:14). –MCGdeG

Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad” Tito 2:7

Prioridades

“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo…” 1ª Timoteo 6:17

1ª Timoteo 6

Mi papá me contó la historia de un hombre que en una ocasión sacó su cartera de su bolsillo, la elevó, y dijo: “Éste es mi dios”.  Aunque no muchos expresan su amor al dinero de la manera tan gráfica que este hombre lo hizo, la avaricia es una realidad en la vida de muchas personas. Muchos de los países latinoamericanos tienen problemas horribles de corrupción. ¿Por qué? Por la avaricia. El diccionario de la Real Academia Española tiene una definición muy interesante para la palabra avaricia: “Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”. Hoy en día el sueño mexicano es igual al llamado sueño americano: tener más cosas. Sin duda alguna no es pecado disfrutar del resultado del esfuerzo honesto (Eclesiastés 2:24), y por supuesto que Dios quiere que disfrutemos de lo que nos da (v.17), pero cuando el trabajo se convierte en una obsesión con el objetivo de obtener más dinero, entonces la ruina espiritual y moral está a la esquina. Amar al dinero tiene terribles consecuencias. La Biblia dice: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (v.10). Es irónico que el amor al dinero traiga dolores, ya que mucha gente busca el dinero precisamente para evitarlos. El amor al dinero es tan fuerte que puede atrapar a quienes dicen conocer a Cristo. Por eso dice Pablo que algunos “se extraviaron de la fe”. Nuestra actitud hacia el dinero debe ser como la de un administrador. Debemos saber que el dinero que tenemos le pertenece a Dios, y que somos responsables de usarlo bien. Así que debemos primeramente separar nuestra ofrenda a Dios, y luego usar nuestro dinero debidamente, disfrutándolo y administrándolo para la gloria de Dios. Pídele a Dios que te ayude a administrar tu dinero correctamente, y a verlo de una manera bíblica. –EEO

Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” 1ª  Timoteo 6:10

El Espíritu en nosotros

“Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” Romanos 8:9b

Romanos 8

Caminaba con un amigo por las calles de un pueblo en las montañas de San Luis Potosí invitando a las personas a un evento especial que se llevaría a cabo en una iglesia a la cual ayudábamos en ese tiempo. Un señor de ojos de color y tez blanca nos detuvo y nos preguntó si éramos cristianos. Al decirle que sí, nos dijo que él también, y nos preguntó si teníamos la “borrachera” del espíritu. Al instante supe que algo andaba mal. Pronto el hombre comenzó a balbucear y a hablar incoherencias, así que nos retiramos de allí algo tristes, con el hombre gritando a nuestras espaldas. Hoy en día hay mucha confusión en cuanto al Espíritu Santo. Mucho de lo que se hace en nombre del Espíritu es en realidad una blasfemia contra Él. La Biblia enseña que aquellos que verdaderamente son cristianos tienen al Espíritu Santo morando en ellos. Aquellos que se han arrepentido y han creído en Cristo de todo corazón han sido sellados por el Espíritu. Pablo lo dejó muy claro: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). El verdadero creyente sabe que no necesita de “segundas unciones”, extrañas manifestaciones o cualquier otra señal extra-bíblica para saber que tiene al Espíritu. El Espíritu Santo está bastante involucrado en la vida del cristiano. Por ejemplo, es el Espíritu quien nos da la fortaleza para vivir una vida espiritual y no carnal (v.9). Él nos ayuda a pedir cuando no sabemos cómo hacerlo (v.26). Y hay muchas otras funciones que Él hace en nuestras vidas. Es una maravilla saber que tenemos a un Consolador junto a nosotros (Juan 14:16). No importa qué clase de día has tenido o estás por tener, hay algo que debes saber por seguro: si eres de Cristo, no estás solo. –EEO

Si hoy pasas por una dificultad, recuerda: no estás solo. Dios está contigo.